lunes, 11 de julio de 2016

¡FELIZ DÍA DOCENTE UNIVERSITARIO!


El “Día del docente universitario” es el 11 de julio, oficializado desde el año 2009, mediante RESOLUCIÓN N° 234-2009-ANR, publicada en el diario oficial El Peruano, el 05 de marzo de 2009. 

En uno de sus considerandos, se sostiene que “la docencia universitaria es una función social que requiere de quien la abrace dedicación, profesionalismo, entrega para el buen desempeño en su labor”, por supuesto, que dicho texto amerita mayores precisiones para entenderlo a cabalidad y encontrarle un sentido aceptable. En otra parte, también se indica que la naturaleza del magisterio universitario es contribuir a la “construcción del desarrollo del país”. 


Es con la Ley Universitaria[1], que en su artículo 79°, se detallan las funciones del docente universitario: “la investigación, el mejoramiento continuo y permanente de la enseñanza, la proyección social y la gestión universitaria”. Y en el artículo 87° y 88°, se describen sus deberes y derechos, respectivamente.

Uno de sus deberes y el primero, según la Ley, es “Respetar y hacer respetar el Estado social, democrático y constitucional de derecho”; es decir, un docente universitario que promueva o sostenga ideas en contra de la democracia, está contraviniendo sus funciones, aún, cuando la independencia ideológica esté considerada también como uno de sus deberes, la que se vincula con la denominada “libertad de cátedra”. 

No obstante es una “libertad de cátedra” limitada a lo estipulado en la Constitución Política y a la misma Ley. ¿Y qué pasa cuando ese “Estado constitucional de derecho” se convierte en un atentado contra la vida digna de millones de ciudadanos excluidos y sin acceso a los servicios y beneficios obligatorios que éste Estado debe ofrecer, porque es su deber ofrecerlo? Es la razón del estado, hacerlo, devolver lo que recibe; y recibe mucho, y muy poco, casi nada, lo que devuelve.

¿Qué pasa cuando éste Estado de derecho, se convierte en una peste que intoxica toda posibilidad de mejora de la sociedad en su conjunto, y corta toda esperanza de mejora en la calidad de vida de miles de sus ciudadanos? 

Si observamos detenidamente, concluimos que en éste estado de cosas, y en éste “Estado constitucional de derecho”, el desarrollo del país, se mide a partir del crecimiento exponencial de las utilidades de las grandes empresas y entidades financieras, cuyos intereses van más allá de nuestras fronteras, a costa del sacrificio de la mayoría de la ciudadanía.

Llegamos casi a una situación muy parecida en algunos reinos de siglos atrás. Cuando el rey difundía una ordenanza, ésta debería de cumplirse, sí o sí; solo porque lo decía el rey. En fin, éste es un tema vinculante que dejaremos para otra fecha.

Ahora, la situación del docente universitario no está muy alejada de la situación del maestro de educación básica[2]. Remuneración baja e indigna, si la comparamos con los ingresos y remuneraciones de los congresistas, y otros altos funcionarios gubernamentales y de entidades públicas, por ejemplo. En este caso no solo se trata de concluir quién de ellos realiza mejor trabajo o contribuye más a la “construcción del desarrollo del país”, sino, ¿por qué la diferencia? ¿Por qué la brecha salarial es tan ancha?

Paralelo a ello, toca dilucidar sobre las condiciones en la que el docente universitario realiza su labor, en las aulas, en el marco de un proceso de transformación o permanencia nacional y mundial, de los modelos económicos, políticos y educativos, hegemónicos en el mundo. Se trata de dilucidar si toca a la universidad, al igual que a la escuela, reproducir o transformar, frenar o contribuir a favor de los procesos sociales de transformación de los contratos sociales vigentes hacia una humanidad más saludable, sino para todos, al menos, para la gran mayoría de personas, en un primer paso.

Se trata de confirmar si, desde las aulas, el docente universitario puede contribuir a la propuesta de modelos alternos a los vigentes, a favor de una mejora de la calidad de vida de la ciudadanía. Se trata de confirmar si desde las aulas, el docente universitario puede expresar libremente su pensamiento, en honor a la “Liberté, égalité, fraternité” de la cuna de la democracia actual, aunque un poco resquebrajada y sentada en el banquillo de los acusados, a merced de las abismales brechas sociales existentes.

Por todo ello, y más, y con la esperanza de una Perú mejor, ¡Feliz Día Docente Universitario!






[1] Ley N° 30220, publicada el 09 de julio de 2014. 


[2] El día del maestro o profesor de educación básica lo celebramos el 06 de julio de cada año.

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