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domingo, 18 de diciembre de 2016

“DESASNAR A LA OPINIÓN PÚBLICA”


En la sesión del Congreso del jueves 15 de diciembre de 2016,  para aprobar la moción de censura al Ministro de Educación Jaime Saavedra, en respuesta a la intervención del congresista Yonhy Lescano (Acción Popular), el congresista Mauricio Mulder (Partido Aprista Peruano), dijo  “Yo solo solicité una interrupción con el ánimo de desasnar a la opinión pública”.

“Desasnar” es un término que aún no es aceptado por la Real Academia Española, pero como muchos otros, aun así, entendemos su significado y las connotaciones que contiene. En este caso, muy lamentable por cierto, Mauricio Mulder, asume, insinúa, cree, percibe, está seguro y lo ha vociferado desvergonzadamente, que la opinión pública es un asno. Ha sido “asnada”, para utilizar su semántica, y él, bendecido por alguna sapiencia sobrenatural y sobrehumana, tiene la competencia para “desasnarla”.

La opinión pública ha sido convertida en un asno, para Mauricio Mulder; y al parecer, no ve el insulto que ha cometido, o no quiere verlo, o no le importa. O en el peor de los casos, la inmunidad de la que goza, la convierte en un escudo y blindaje de sus burradas, disculpando la palabra.

Este señor Mulder, está convencido que es un intocable, y en cierta forma lo es. ¿Qué pasaría si algún ciudadano dice: “Señor Mulder, usted es un burro”? en este caso sí sería un insulto; pero como lo ha expresado el congresista (pro-vitalicio) Mauricio Mulder, no pasa nada.

Es inconcebible que un representante, insulte a su representado. Es absurdo. Es intolerable. La ciudadanía no es un asno; y las opiniones que expresa, son soberanas. El señor Mulder no es el soberano; lo es, la ciudadanía. Es simplemente, un representante; y en tanto representa a la ciudadanía, puede gozar de las prerrogativas de su inmunidad.

Lamentablemente, la representatividad, es un fenómeno difícil de medir; de lo contario, podría establecerse hasta qué determinado momento, un “representante” ha dejado de ser tal, porque ya nadie se siente o asume estar o sentirse representado, por ejemplo, por el señor Mulder.

Que un congresista diga que la opinión pública es un asno, es inaudito.

miércoles, 17 de agosto de 2016

NUEVO GOBIERNO, NINGÚN CAMBIO





Hace quince días asumió la jefatura del Estado y del país, un nuevo gobierno liderado por Pedro Pablo Kuczynski (PPK), ciudadano peruano-norteamericano de 77 años de edad (aunque renunció a la ciudadanía norteamericana, cumpliendo con las exigencias de su proselitismo; pero la cultura gringa, ni ninguna otra, se elimina o se pierde con la renuncia a la ciudadanía), y a la fecha, no hay ninguna novedad. Hasta podría concebirse que basta con la Policía Nacional del Perú, las Fuerzas Armadas y el Poder Judicial, para que el país continúe su senda neoliberal. No hace falta ni el Congreso ni el Ejecutivo. El país camina solo.

domingo, 7 de agosto de 2016

EL JUGUETE NUEVO DE KUCZINSKY


Cuando a un niño se le regala un juguete nuevo, toda su vida gira en torno a él, y manifiesta una felicidad contagiosa que parece nunca acabar, a tal punto que, la única realidad existente para él, es su juguete nuevo. Algo similar sucede con Pedro Pablo Kuczinsky, nuevo Presidente de la República del Perú, juramentado el 28 de julio del presente año. Danza en la calle, difunde sus ejercicios matutinos en Palacio de Gobierno, comparte sus respuestas jocosas a la prensa, y últimamente, escribe 7 mandamientos para su Consejo de Ministros.


domingo, 31 de julio de 2016

UN MENSAJE DE SUEÑOS



Hemos iniciado, en contra de todo pronóstico sobre el péndulo de la democracia peruana, un cuarto quinquenio gubernamental consecutivo, liderado por un civil democráticamente elegido, según nuestras normas electorales. Y ello basta para aplaudir nuestro primer gran logro en dos siglos de vida republicana; vida republicana que la hemos dedicado a luchar contra los caudillismos y militarismos que han hecho de las suyas, inconsultamente, dañando e interrumpiendo la formación ciudadana del país, amén de otros repugnantes crímenes.


miércoles, 27 de julio de 2016

¿PARA QUÉ UN CONGRESO QUE NO LEGISLA? – Parte III



Es un Congreso que no legisla porque no puede hacerlo. Y no podrá hacerlo ni sumando una cámara, ni sumando sus miembros. Porque su problema radica en su estructura y dinámica, y hasta en su naturaleza representativa. Representan a regiones o fracciones jurisdiccionales, pero debe producir normas de alcance nacional. Una contradicción.

domingo, 24 de julio de 2016

¿PARA QUÉ UN CONGRESO QUE NO LEGISLA? – Parte II


Tenemos pues, un Congreso lerdo y lento, una institución elefantiásica y jurásica, que no es capaz de cumplir sus funciones soberanas de legislar en atención a las necesidades de “interés nacional”, con la inmediatez necesaria. Tenemos un Congreso constituido por 130 miembros[1], que necesita que una sola persona (el Presidente de la República), lo sustituya en sus funciones porque él, por sí solo, no puede o no es capaz de asumirlas, o simplemente no sirve para esos menesteres.

domingo, 17 de julio de 2016

¿PARA QUÉ UN CONGRESO QUE NO LEGISLA? – Parte I


Nuestra democracia, es un tema que difícilmente podemos entendernos si hablamos de ella. En primera instancia, asumimos que es un mecanismo que se sostiene en la división de poderes, a fin de evitar la imposición de alguna voluntad con prerrogativas dictatoriales. Luego, asumimos cívicamente, que cada uno de los poderes es autónomo y en ese mérito, dirige toda su sapiencia, experiencia y facultades.

domingo, 26 de junio de 2016

EL DISCURSO DEL ANTIVOTO



Consideramos que el denominado “antivoto”, es aquel voto que ha sido emitido a favor de un candidato determinado, pero no porque esté de acuerdo con sus propuestas proselitistas o con su plan de trabajo, sino, que es un voto que ha sido tomado como una opción o un mecanismo para decir “NO” al otro candidato[1]. Como no quiero que gane A, voto por B; y viceversa. Resultado: tenemos un candidato ganador, pero, entrecomillas. 

martes, 21 de junio de 2016

EL MENSAJE DE LOS VOTOS BLANCOS Y VOTOS NULOS (I)


Así como podemos extraer diversos mensajes de los votos válidos, considerando la distribución entre los candidatos participantes, e interpretarlos a la luz de las ofertas electorales; también podemos hacerlo con los votos blancos y los votos nulos. Más aún, haciendo un comparativo entre la primera y la segunda vuelta de las últimas elecciones generales 2016, realizadas el 10 de abril y el 05 de junio, respectivamente.

En la primera vuelta, de los 24 departamentos[1], en 14 de ellos, los votos blancos y votos nulos, suman más del 20% de los votos emitidos. Y en 5 de ellos[2], más del 25%. Porcentajes relativamente regulares que invitan a una reflexión sobre la pertinencia entre las ofertas electorales y las demandas ciudadanas en los respectivos departamentos.

Hay una brecha, un abismo, una distancia aún insalvable entre los ofrecimientos de los candidatos y los intereses de un regular porcentaje de ciudadanos, lo que menoscaba el valor de la democracia como un mecanismo de regulación de la convivencia ciudadana, y como un paradigma alterno a otros que asumen a la violencia como principal arma de regulación. (De los 14 departamentos, 02 se ubican en la costa[3]; 07 en la sierra[4]; y 05 en la selva[5]. En ellos, residen el 35% de los electores hábiles del país[6]).


En la segunda vuelta, los porcentajes de votos blancos y votos nulos, se reducen, mostrando un intervalo entre el 5% y el 11%, en los 24 departamentos. 

Y cuando separamos los votos blancos de los votos nulos, el resultado es más sorprendente. A nivel nacional, y en la primera vuelta, los votos blancos alcanzaron el 12% de los votos emitidos, mientras que los votos nulos, el 6%. Para la segunda vuelta, los votos blancos se reducen drásticamente, al 1% (los votos nulos, se mantienen). Paralelo a ello, los votos válidos, suben de 83% (en la primea vuelta) a 95% (en la segunda).

La reducción más drástica de votos blancos, de la primera a la segunda vuelta, se observa en 04 departamentos[7]; se reducen del 19% al 1,5%. Similar situación se observa en el resto de departamentos, en los cuales los votos blancos en la segunda vuelta no superan el 2%; mientras que el porcentaje de los votos nulos, prácticamente, se mantiene.

En la primera vuelta compitieron por la Presidencia de la República, 10 organizaciones políticas[8]; en la que solo el 83% de los electores hábiles emitieron un voto válido. Ninguna de éstas 10 ofertas electorales, encajó con las demandas ciudadanas del 18% de electores que asistieron a sufragar, por ello ninguna de ellas, alcanzó el 50% más uno de los votos válidos.

Pero en la segunda vuelta, con solo 02 organizaciones participantes, los ciudadanos que decidieron emitir un voto válido suben a 95%. Si nos concentramos en estas 02 opciones políticas, ellas recibieron en la primera vuelta, solo el 61% de los votos válidos.

Es decir, los ciudadanos indecisos en la primera vuelta, optaron por dar su voto a una de las 02 opciones participantes, en la segunda vuelta. Ello podría explicar el llamado “antivoto”, lo que debilita la legitimidad de la organización política ganadora, en tanto triunfó gracias a los votos que no quisieron que triunfe la otra. Peruanos Por el Kambio (PPK), nombre de la organización política ganadora, liderada por Pedro Pablo Kuczinsky, no ha ganado porque su oferta proselitista haya encajado o satisfecho a la mayoría de los electores; sino, porque coyunturalmente, apareció como una forma de decir “NO” a Fuerza Popular (FP), la otra organización, liderada por Keiko Fujimori Higuchi.

Estamos asumiendo que el voto blanco indica indecisión: no se prefiere a ninguna de las organizaciones políticas participantes; y el voto nulo, rechazo a todas ellas. Aunque este rechazo podría también ser hacia el proceso electoral como mecanismo para la elección de gobernantes, en tanto, dichos gobernantes de turno, no han logrado atender las necesidades ciudadanas, o han tomado decisiones que han afectado negativamente sus intereses. Desde esta perspectiva, el voto nulo podría adquirir un significado similar al ausentismo. Aunque el ausentismo es objeto de estudio muy particular, conjuntamente con el abstencionismo[9]. En el primero, no asisten al sufragio por factores ajenos a la voluntad; mientras que en el segundo, se decide no participar en el sufragio, por propia voluntad.

En términos absolutos, son 3,754,927 de ciudadanos en la primera vuelta, y 4,071,219 en la segunda, que no han participado en la emisión de un voto válido. O han emitido un voto blanco, o un voto nulo, o simplemente, no han asistido a sufragar.  Del total de 22 millones de ciudadanos habilitados para sufragar, el 18% rechaza a las ofertas electorales, o quizá, al propio sufragio como un mecanismo inútil para proporcionar mejoras a sus vidas.





[1] Se incluye la provincia constitucional del Callao, que se ubica en el departamento de Lima.
[2] Amazonas, Apurimac, Huancavelica, Huánuco y Loreto.
[3] Piura y Ancash.
[4] Apurimac, Ayacucho, Cajamarca, Cusco, Huancavelica, Huánuco y Pasco.
[5] Amazonas, Loreto, Madre de Dios, San Martín y Ucayali.
[6] Según la ONPE, los electores hábiles para las elecciones generales 2016, fue de: 22,017,030.
[7] Amazonas, Huancavelica, Huánuco y Apurimac.
[8] Catorce figuraron en la cédula de sufragio, pero 04 de ellas, se retiraron días antes del día de las elecciones: Alianza Electoral Solidaridad Nacional, Perú Libertario, Perú Nación, y Partido Humanista Peruano; los votos que recibieron estas agrupaciones, fueron adicionados a votos nulos según resolución N° 0309-2016-JNE.                                          
[9] Uno de los teóricos que ensaya sobre estas variables, es Fernando Tuesta Soldevilla, exjefe de la ONPE.

domingo, 22 de mayo de 2016

LA UTOPÍA DEL VOTO INFORMADO




El estado está invirtiendo esfuerzos y dinero, por medio de los organismos electorales (ONPE[1] y JNE[2], básicamente), en la promoción del denominado “voto informado”; pero esta campaña de promoción, sugiere que un “voto informado” es un “voto responsable”, y que a mayor voto informado, mayores posibilidades de tener un “buen gobierno”.

Líricamente, suena bien y hasta coherente; algo así como que podemos realmente, con nuestro voto, garantizar –o elegir- un buen candidato que a la vez, realizará un buen gobierno. Sin embargo, no tiene sentido.

Pero ¿qué es un voto informado? En pocas palabras, es un conjunto de acciones que debe realizar cada elector, a fin de decidir razonablemente, una de las ofertas electorales, previo al sufragio. Por ejemplo, leerá el programa o plan de trabajo, la hoja de vida del candidato o de la plancha presidencial (en este caso, tratándose de una elección general para elegir al nuevo Presidente de la República, conjuntamente, con los 02 vicepresidentes), en fin.

Desde otra lectura, se trata de informarse de los candidatos, antes de elegir a uno de ellos, y convertir ésta decisión, en un voto. Si estoy informado, entonces, podré emitir un “voto informado”. No obstante, no es tan simple como parece. Podré dedicar mi tiempo, esfuerzo y dinero[3] en informarme sobre las ofertas electorales, analizaré y sintetizaré la información consumida, y calificaré en grado de importancia, coherencia o razonabilidad, una de ellas. Para mí, entonces, una de las ofertas es la más razonable y merece ser elegida, o en todo caso, merece mi voto.  

Asisto al sufragio, emito mi “voto informado”, y listo. He cumplido como ciudadano responsable, razonable y coherente. ¿Qué me garantiza que la opción elegida, cumpla con su plan de gobierno? Nada. No puede saberse, no podemos leer ni ver el porvenir. No tiene sentido.

Entonces, el voto informado, es una utopía. Y no solo eso, sino que es un factor que algunos utilizan para calificar a los electores en 02 grupos: los que “saben votar” y los que “no saben votar”. Es más, esto lleva a la aparición de actitudes agresivas y de irrespeto hacia el libre ejercicio de la ciudadanía. Para algunos ciudadanos, de acuerdo a sus propios raciocinios, ya tienen un candidato al cual consideran el mejor, porque se han informado, y no solo esperan, sino, inducen a que los otros ciudadanos coincidan con su decisión, sino lo hace, es un ciudadano que “no sabe elegir”, que no se ha informado, que es un irresponsable, o en el peor de los casos, lo colman de insultos y adjetivos peyorativos.

No se entiende que en la elección de un candidato, intervienen factores subjetivos propios de cada individuo. Y es el producto legítimo del uso libre y soberano de su ciudadanía. Si sabe o no sabe votar, ello no tiene lugar, es absurdo. No puede saberse, no puede afirmarse quién es el candidato ideal, cuál es la ofertad más coherente, quién merece ganar una elección. Es simple, es una elección individual, y soberana. En esta lógica, el voto informado, como se vende, es un sinsentido. Es más, con el uso que muchos le dan, de calificar a los electores en “buenos” y “malos”, lo han convertido en un instrumento que agrede a la soberanía de la libertad ciudadana. Y tiene un agravante, si el candidato elegido, realiza un pésimo gobierno, no es su responsabilidad, sino, es responsabilidad ciudadana; los ciudadanos no supieron elegir. No se informaron. A esto llegamos, con la utopía del voto informado.





[1] “La ONPE pone a disposición de la ciudadanía las plataformas informativas para un voto efectivo y responsable”, leemos en el espacio dedicado a promover el voto informado. En otro espacio, leemos: “como ciudadanos debemos tener el compromiso de tomar una decisión consciente e informada”. Portal web: www.onpe.gob.pe o https://www.web.onpe.gob.pe/sep-2016/tu-decides-con-tu-voto

[2] En su portal web, presentan el espacio “voto informado”, donde ofrecen información comparada de las opciones electorales participantes. Portal web: www.jne.gob.pe o http://www.votoinformado.pe/voto/index.aspx


[3] Sí, porque la información tiene un costo, y quien consume información, deberá asumir ese costo. Energía eléctrica, si hace uso de internet, en cualquier de los dispositivos; costo de la publicación en el caso de prensa escrita, en fin.

domingo, 15 de mayo de 2016

EN DEFENSA DE LOS VOTOS NULOS Y BLANCOS




En las últimas Elecciones Generales para elegir al nuevo Presidente de la República de Perú (10 de abril de 2016), solo acudieron a sufragar el 82% (18,734,130) del total de ciudadanos del padrón electoral (22,901,954); mientras los que emitieron un voto nulo o blanco, constituyen el 15% (3,393,987) de este mismo padrón.

Es decir, un poco más de siete millones y medio de ciudadanos habilitados para sufragar[1] expresaron su rechazo a las alternativas que compitieron por hacerse de la jefatura del estado, mediante un voto nulo o blanco, o no asistiendo a sufragar (ausentismo y abstencionismo). Un tercio de ciudadanos, puede sostenerse, entre otras cosas, que rechazaron a las alternativas en competencia, o que no concuerdan con las reglas de juego de nuestra democracia, o que simplemente, no tienen nada que agradecerle. Rechazaron a todos los candidatos y candidatas.

Que ello es parte de la democracia, sí; que los desacuerdos, el disenso y las diferencias de criterio, le son inherentes, también. Pero ello no basta. Más aún, si observamos que a la democracia nuestra se la considera y trata como la última de las religiones dogmáticas en proceso de expansión en su objetivo de apoderarse de todas la mentes, excluyendo –al menos, por ahora; más adelante quizá, hallarán algún mecanismo para exterminarlas-, a aquellas mentes que de pronto la cuestionan, la contradicen y la rechazan.

 Frente a ello, y con el agravante de la obligatoriedad del voto (el extremo de lo absurdo: debo elegir a una opción entre varias, cuando ninguna de ellas prefiero)[2], aparece en escena el voto nulo o viciado[3] y el voto en blanco. Tan legítimos como el voto válido. Sí, son legítimos. Constituyen una opción, una alternativa, un escape de la tormentosa idea de librarse de la sanción pecuniaria, y de la aflicción que producen los discursos sin sentido que defienden a esta democracia periódica de ánfora. El voto es obligatorio, he ahí, el absurdo, lo descabellado, lo inútil, lo enfermo de nuestra democracia. El voto es un derecho, pero lo convierten en deber, al concederle la característica de “obligatorio”[4].

Además, si “los votos nulos y blancos, sumados o separadamente, superan los dos tercios del número de votos emitidos”, se anula el proceso electoral[5]. Entonces, sí constituyen una alternativa legítima para expresar rechazo a un proceso electoral, si las alternativas en competencia, no son de mi preferencia. Asimismo, el no asistir a sufragar, también es una opción ciudadana, en tanto, elegir y ser elegido, es un derecho constitucional.

Concluyendo, todo discurso dirigido a vender la idea que el voto nulo y blanco, favorece a tal o cual candidato, es simplemente, una estratagema. Una siniestra estratagema.




[1] Exactamente, 7,561,811 que constituyen el 33% del padrón electoral. El otro 67% (15,340,143 ciudadanos), emitieron un voto válido.
[2] “El voto es personal, igual, libre, secreto y obligatorio hasta los setenta años. Es facultativo después de esa edad”, según el artículo 31° de la Constitución Política del Perú (CPP).
[3] El artículo 111° de la CPP, denomina voto viciado.
[4] Los ciudadanos tienen “también el derecho de ser elegidos y de elegir libremente a sus representantes, de acuerdo con las condiciones y procedimientos determinados por ley orgánica”, artículo 31° de la Constitución Política del Perú. Es un derecho, no un deber.
[5] Prerrogativa del Jurado Nacional de Elecciones, según artículo 184° de la CPP.