Marco Macroeconómico Multianual 2017 - 2019 by Instituto Peruano de Economía on Scribd
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lunes, 10 de octubre de 2016
miércoles, 17 de agosto de 2016
NUEVO GOBIERNO, NINGÚN CAMBIO
Hace quince días asumió la jefatura del Estado y del país, un nuevo gobierno liderado por Pedro Pablo Kuczynski (PPK), ciudadano peruano-norteamericano de 77 años de edad (aunque renunció a la ciudadanía norteamericana, cumpliendo con las exigencias de su proselitismo; pero la cultura gringa, ni ninguna otra, se elimina o se pierde con la renuncia a la ciudadanía), y a la fecha, no hay ninguna novedad. Hasta podría concebirse que basta con la Policía Nacional del Perú, las Fuerzas Armadas y el Poder Judicial, para que el país continúe su senda neoliberal. No hace falta ni el Congreso ni el Ejecutivo. El país camina solo.
jueves, 12 de mayo de 2016
ESTE 5 DE JUNIO: NADA QUE ELEGIR
El 50,1%[1] de los ciudadanos que sufragaron[2] el 10 de abril de 2016[3], para elegir al próximo presidente de la república, decidió decir NO a las opciones que de alguna u otra manera, mostraron intenciones no muy cercanas o contrarias al modelo económico vigente en el país, desde 1990. Resultado: 02 candidatos pasaron a la segunda vuelta, que representan opciones a favor de la continuidad de dicho modelo. El 32,6% votó por Keiko[4], mientras que un 17,2% lo hizo por Kuczynski[5].
En otros términos, y desde otra óptica, no tenemos nada que elegir este 05 de junio. Tanto Pedro Pablo Kuczynski[6] como Keiko Fujimori, lideran programas de gobiernos que constituyen la continuidad del modelo económico; modelo económico que no podemos negar, es favorable para el crecimiento exponencial de las riquezas de las grandes corporaciones nacionales y trasnacionales, básicamente, éstas últimas, a costa del saqueo de materias primas y de la fuerza de trabajo de países adolescentes[7].
Este modelo más conocido como neoliberalismo, prioriza la libertad económica a las otras libertades humanas, incluidas, la libertad política. Si es necesario sacrificar la libertad política, para proteger la salud de la libertad económica (léase: libre mercado), no hay problema, se sacrifica la libertad política o cualquier otra libertad de las que ha costado a la humanidad en su conjunto, un altísimo costo.
Kuczynski como Keiko, son la misma alternativa, diferentes nombres, diferentes equipos de trabajo, diferentes discursos, diferentes sonrisas y diferentes bailes, en fin; pero, son lo mismo. Ambas alternativas lucharán por la vigencia de las recetas o los 10 mandamientos de John Williamson. Estos 10 mandamientos del libre mercado, se resume en el hecho de reducir al estado, a un mero y celoso guardián, dedicado exclusivamente a cobrar impuestos, y a promover y proteger los intereses de inversiones gigantescas que tienen la capacidad de comprar y saquear estados, como ladronzuelos que invaden y saquean una casa, una tienda, un minimercado, en fin (disculpando la “aberración” de la metáfora).
Existen en el mundo, grandes corporaciones financieras que, en su fiera lucha por la sobrevivencia, capturan estados y los saquean hasta dejarlos desvalidos, indefensos e incapaces para continuar sobreviviendo por sus propias fuerzas. Dejan a estados en un estado indigente, que tiene que vender todo lo que tiene, para siquiera intentar sobrevivir a como dé lugar, hasta desaparecer, fusionándose a otros estados, o perpetuarse como mendigos hasta su “muerte natural”.
Este modelo económico, que ha convertido al libre mercado en un credo sacrosanto a costa de cualquier sacrificio, es defendido por ambas alternativas: Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori. Concluyendo: no tenemos nada que elegir. Nada.
[1] El 49,9% equivale a 9,343,734 ciudadanos.
Sufragaron a favor de Keiko, el 32,6% (6,115,073) y a favor de Kuczynski, el
17,2% (3,228,661). Si consideramos el total de electores hábiles, es decir el
total de ciudadanos habilitados para sufragar, los porcentajes se reducen: 26.7
votó por Keiko, y 14.1 votó por Kuczynski.
[2] Los ciudadanos que sufragaron en
las Elecciones Generales 2016, fueron: 18,734,130
[3] La fuente de las cifras, es la
Oficina Nacional de Procesos Electorales: www.onpe.gob.pe
[4] Keiko Fujimori, es hija del
expresidente que gobernó el país desde el 28 de julio de 1990, hasta el 19 de
noviembre del 2000, cuando renunció vía fax a la Presidencia de la República;
actualmente, cumple una condena de 25 años de cárcel.
[5] Es necesario diferenciar entre
electores hábiles (22,901,954), electores que sufragaron o votos emitidos (18,734,130),
y electores que sufragaron correctamente o votos válidos (15,340,143).
[6] Pedro Pablo Kuczynski, es un
economista relacionado internacionalmente, y con cierto acercamiento a los
organismos económicos internacionales. Conjuntamente con John Williamson, es un
defensor acérrimo del libre mercado como doctrina para administrar la economía
de los estados.
[7] Parafraseando a Luis Alberto
Sánchez.
miércoles, 7 de enero de 2015
MARIO VARGAS LLOSA OPINA
![]() |
| Cortesía www.elpais.com |
En la edición del 28 de diciembre de 2014, del diario español El País, el peruano y español, o el español y peruano, Mario Vargas Llosa, escribe sobre el inesperado anuncio del jefe de estado norteamericano Barack Obama referido al levantamiento del embargo económico a la república centroamericana de Cuba, después de cuatro décadas, en un artículo titulado “Cuba y los espejismos de la libertad”. (http://elpais.com/elpais/2014/12/24/opinion/1419434541_015317.html)
Pero Vargas Llosa no celebra tanto el anuncio y la medida del levantamiento del embargo económico, que el sentido común nos informa que beneficiará de alguna manera a la población cubana, como sí celebra y exalta sus emociones, la idea de un acercamiento o la implementación de medidas por parte del gobierno cubano del tipo que Vargas Llosa denomina “Libertad económica”.
Que un país más, abra sus puertas a la religión neoliberal, es suficiente para celebrarlo hasta el éxtasis, para el escritor.
Es decir, Vargas Llosa exalta, aplaude, celebra y promueve una “Libertad económica” propia de cuentos de hadas, en tanto, no concibe límites ni marcos que regulen el accionar de los actores económicos, en este caso específico, de las empresas y consorcios empresariales trasnacionales, entre otros. En otros términos, todo límite a dicha “libertad económica”, significa un atropello imperdonable. Para Vargas Llosa, la libertad económica debe ser plena, porque cree ciegamente que el mercado sí es una fuente, la única, quizás, de desarrollo, prosperidad, equidad y humanidad. La ironía de las ironías, la única fuente capaz de convertir a todo ser humano en un empresario de éxito.
Pero cuando se trata de “libertada política”, Vargas Llosa no se muestra tan contento ni feliz como ante la otra libertad que sí defiende “desinteresadamente”. Toda libertad política, al parecer, para Vargas Llosa es bienvenida siempre y cuando no signifique poner límites o regular a la sacrosanta “Libertad económica”.
Años atrás, refiriéndose al crecimiento económico de Perú, por ejemplo, difundió una idea un tanto ingenua: el éxito de algunas grandes empresas representaba el éxito del país. Es decir, los libros contables de dichas instituciones en azul, significa una bonanza de todo el país.
Puede entenderse que para Vargas Llosa, democracia es sinónimo de –y solo de- “libertad económica” antes que de “libertad política”. Es el discurso que predica en todo el mundo. Ninguna otra libertad merece ser defendida que no sea la “Libertad económica”; aunque solo sea la libertad económica de los monopolios y oligopolios, en todos sus matices y presentaciones. Sin embargo, hasta Friedrich Hayek, el padre de la religión neoliberal, condenó a los monopolios. Mario Vargas Llosa, opina.
Pero Vargas Llosa no celebra tanto el anuncio y la medida del levantamiento del embargo económico, que el sentido común nos informa que beneficiará de alguna manera a la población cubana, como sí celebra y exalta sus emociones, la idea de un acercamiento o la implementación de medidas por parte del gobierno cubano del tipo que Vargas Llosa denomina “Libertad económica”.
Que un país más, abra sus puertas a la religión neoliberal, es suficiente para celebrarlo hasta el éxtasis, para el escritor.
Es decir, Vargas Llosa exalta, aplaude, celebra y promueve una “Libertad económica” propia de cuentos de hadas, en tanto, no concibe límites ni marcos que regulen el accionar de los actores económicos, en este caso específico, de las empresas y consorcios empresariales trasnacionales, entre otros. En otros términos, todo límite a dicha “libertad económica”, significa un atropello imperdonable. Para Vargas Llosa, la libertad económica debe ser plena, porque cree ciegamente que el mercado sí es una fuente, la única, quizás, de desarrollo, prosperidad, equidad y humanidad. La ironía de las ironías, la única fuente capaz de convertir a todo ser humano en un empresario de éxito.
Pero cuando se trata de “libertada política”, Vargas Llosa no se muestra tan contento ni feliz como ante la otra libertad que sí defiende “desinteresadamente”. Toda libertad política, al parecer, para Vargas Llosa es bienvenida siempre y cuando no signifique poner límites o regular a la sacrosanta “Libertad económica”.
Años atrás, refiriéndose al crecimiento económico de Perú, por ejemplo, difundió una idea un tanto ingenua: el éxito de algunas grandes empresas representaba el éxito del país. Es decir, los libros contables de dichas instituciones en azul, significa una bonanza de todo el país.
Puede entenderse que para Vargas Llosa, democracia es sinónimo de –y solo de- “libertad económica” antes que de “libertad política”. Es el discurso que predica en todo el mundo. Ninguna otra libertad merece ser defendida que no sea la “Libertad económica”; aunque solo sea la libertad económica de los monopolios y oligopolios, en todos sus matices y presentaciones. Sin embargo, hasta Friedrich Hayek, el padre de la religión neoliberal, condenó a los monopolios. Mario Vargas Llosa, opina.
jueves, 30 de octubre de 2014
UN DIOS LLAMADO MERCADO. UN SÚBDITO LLAMADO ESTADO
Más de una publicación ensayan lecturas sobre la relación entre mercado y Estado, y recrean la idea del desplazamiento de éste por aquel. Es decir, el Estado al servicio del mercado. Ese Estado, todopoderoso, que todo lo sabe, que todo lo puede, y que todo lo ve. Ese Estado, ese Leviatán de Hobbes, ese dios terrenal, está ahora al servicio de un mercado cada vez más feroz, más voraz y menos humano.
Lamentablemente, queramos o no, nos guste o no, encaje en nuestra lógica o no; todo, absolutamente todo, se convierte en una mercancía. Antes que un fenómeno de tipo exclusivamente económico, es un particular y espantoso proceso sin fin, de conversión de materias e ideas, en mercancías. Mercancías, susceptibles de ser usufructuadas de todas las maneras creadas y por crearse, en una entramada red de intercambios donde la humanidad queda presa a merced de cualquier transformación que no estamos aún preparados para imaginar su desenlace.
Ya no extraña, y es más fácilmente aceptable la frase: “todo tiene un precio”. Hasta el Estado, tiene un precio frente al mercado. El estado, para colmo de males, es una mercancía más, frente a la omnipotencia del mercado. Solo garantiza, protege, promueve y salvaguarda los intereses de un mercado omnipresente, a riesgo de atentar contra la salud de la humanidad, sin imaginar –no tenemos tiempo para ello- sus fatales consecuencias.
No es posible hallar o construir otra explicación sobre el papel del Estado, el nuestro por lo menos, tan sumiso frente a los requerimientos globales de un mercado cada vez más penetrante y con un perfil alejado de toda humanidad. Es un Estado capturado por el mercado.
Sarcásticamente, los humanos somos capaces de crear cosas, procesos, sueños e ideas inhumanas. El país sangra, el planeta sangra (mientras el Estado se amilana); pero el mercado, se muestra cada día más fuerte, más saludable, más dominante.
¿Si el Estado no puede contra el mercado, qué será de nuestro porvenir como ciudadanos?
viernes, 19 de septiembre de 2014
viernes, 12 de septiembre de 2014
ABSURDAS MEDITACIONES
De alguna extraña manera, hemos llegado a una situación en la que creemos que la democracia es la mejor alternativa para una convivencia humana saludable; aún, sin haber logrado consensuar una idea de democracia. Y el estado, está jugando aquí su principal papel en lo que va de su historia, al menos, el estado peruano; e igualmente, de una muy extraña manera ha llegado a un punto en el que no tiene otra función que la de hacernos creer que el crecimiento económico de las empresas, de algunas empresas líderes en el mercado, significa, el crecimiento del país en su conjunto.
Asumir que la
democracia es la mejor alternativa para una convivencia humana saludable, a
costa de ignorar nuestra incapacidad para consensuar una idea sobre ella, y con
el agravante de creer que significa el gobierno de las mayorías, es ya un
absurdo en doble sentido. Ignoramos lo que es democracia, y creemos que es el
gobierno de las mayorías. Doblemente absurdo, cruel.
Y el estado, en su
papel de guardián de no sé exactamente qué, donde ser ateo es ya un imposible
porque las religiones de todas las vestiduras (el mercado, por ejemplo, es un
nuevo dios; la libertad, otro; la democracia, igualmente, etc.), gobiernan
hasta nuestros silencios y meditaciones personales, nos hallamos de pronto en
una época donde el término “posmodernidad” es insuficiente para explicarla.
De alguna extraña manera, todo es un absurdo, un sinsentido, una irónica
mueca de nuestra propia inteligencia hacia nuestra propia inteligencia. El
mercado, el estado, la democracia, la paz mundial, en fin, elementos de una
nueva fe humana caída en su propio abismo de omnipotencia, para dar paso a la
emergencia de un nuevo dios, el consumo: “Dime qué consumes, y te diré quién
eres”.
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