Entera Voz Año II N° 1 - 2008 by Juan Montenegro Ordoñez on Scribd
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martes, 6 de febrero de 2018
sábado, 3 de febrero de 2018
viernes, 17 de abril de 2015
NO SERÉ UN DOCENTE COMO ÉL
Exactamente, no recuerdo si eran los martes y miércoles; pero sí recuerdo que eran las dos primeras horas: de 01:00 a 02:40 de la tarde aproximadamente. El curso era Historia del Perú.
En ese entonces, cuando el profesor ingresaba al aula, los alumnos nos poníamos de pie. Hasta ahora, no entiendo por qué. Asumo que era una forma de saludo, de mostrar “respeto” (así, entre comillas), sumisión o cualquiera de esas otras esas cosas que tiene que ver con la relación de poder: el que manda y el que obedece. (De alguna forma entiendo, que el Perú actual, es producto de esas aulas).
Su rostro adusto, voz grave (creo que impostada y esforzada para evidenciar dominio), postura recta y vestimenta formal. Ahora que lo recuerdo, podría haber parecido un señor feudal frente a sus siervos, supervisando las labores agrícolas y ganaderas.
Ya sabíamos lo que haría. Extraía de su maletín negro que llamábamos tipo James Bond, un grupo de hojas engrapadas, papel periódico. Y empezaba la tortura, de aproximadamente 100 minutos. Dictaba muy rápido, paseándose por el aula como un soldadito en campaña o cuidando la frontera. (Le faltaba el fusil al hombro; aunque ahora que lo recuerdo, su arma era el registro de notas). Dictaba, dictaba y dictaba. No sabíamos cuando iba a dejar de hablar ese dictador que jugaba a ser pedagogo; hasta que por fin, por gracia de Dios, sonaba el timbre de cambio de hora. La felicidad en cada uno de nosotros era una recompensa casi divina a la resistencia ante cruel tortura. Pero no reíamos, no celebrábamos, no brincábamos de alegría; simplemente, suspirábamos con cierto temor... El dictador, aún no abandonaba el aula.
Ese “docente” (así, entre comillas), me sirvió de mucho; ahora que lo recuerdo, fue mi espejo. No seré un docente como él.
En ese entonces, cuando el profesor ingresaba al aula, los alumnos nos poníamos de pie. Hasta ahora, no entiendo por qué. Asumo que era una forma de saludo, de mostrar “respeto” (así, entre comillas), sumisión o cualquiera de esas otras esas cosas que tiene que ver con la relación de poder: el que manda y el que obedece. (De alguna forma entiendo, que el Perú actual, es producto de esas aulas).
Su rostro adusto, voz grave (creo que impostada y esforzada para evidenciar dominio), postura recta y vestimenta formal. Ahora que lo recuerdo, podría haber parecido un señor feudal frente a sus siervos, supervisando las labores agrícolas y ganaderas.
Ya sabíamos lo que haría. Extraía de su maletín negro que llamábamos tipo James Bond, un grupo de hojas engrapadas, papel periódico. Y empezaba la tortura, de aproximadamente 100 minutos. Dictaba muy rápido, paseándose por el aula como un soldadito en campaña o cuidando la frontera. (Le faltaba el fusil al hombro; aunque ahora que lo recuerdo, su arma era el registro de notas). Dictaba, dictaba y dictaba. No sabíamos cuando iba a dejar de hablar ese dictador que jugaba a ser pedagogo; hasta que por fin, por gracia de Dios, sonaba el timbre de cambio de hora. La felicidad en cada uno de nosotros era una recompensa casi divina a la resistencia ante cruel tortura. Pero no reíamos, no celebrábamos, no brincábamos de alegría; simplemente, suspirábamos con cierto temor... El dictador, aún no abandonaba el aula.
Ese “docente” (así, entre comillas), me sirvió de mucho; ahora que lo recuerdo, fue mi espejo. No seré un docente como él.
jueves, 5 de noviembre de 2009
LIBERALISMO Y MARXISMO EN LA LITERATURA DE LOS 90
Por encima de toda polémica y contradicciones sobre el carácter ideológico del siglo XX, concluimos que los paradigmas influyentes y que se mantuvieron en una constante ebullición y enfrentamiento, fueron dos: el liberalismo y el marxismo. Economía de Estado y economía de mercado, pretendiendo ser más preciso. Ello generó y alimentó, a partir de la segunda mitad del siglo, esa siniestra pesadilla denominada “guerra fría”.
Liberalismo y marxismo, fueron las ideologías hegemónicas que impregnaron su sello en los movimientos sociales del siglo. (Aun no adquirían una presencia relevante aquellas otras posturas intermedias, como la denominada “Tercera Vía” de Giddens, a partir de los años 80). En otros términos y desde otra óptica, las generaciones jóvenes descubrían un mundo insertado en esa pugna, de la cual no tenían otra opción que apostar por una de ellas; no había términos medios. Entonces, en esa lógica se esperaba que las generaciones jóvenes asumieran una postura frente a esos paradigmas ideológicos, lo que no sucedió con la generación de los 90, también llamada, por esa y otras razones: “Generación X”.
Sucedió que la implementación de la Perestroika y la caída del muro de Berlín, y con ellos, la caída del “socialismo realmente existente”, se aperturó una época sociopolítica que muchos nombraron como la “crisis de los paradigmas”, el “postcapitalismo”, el “postmodernismo”, etc. Nació, pues, en el mundo, una época de transición que ofrece un futuro incierto y poco previsible, a razón de la polaridad ideología en la que el mundo estaba acostumbrado a moverse; polaridad, en declive. No sabría pronosticarse con un mínimo de certeza, hacia dónde iba la humanidad. Fue un momento de transición, como lo denominó Peter Drucker, y toda transición, escribió, obnubila el pensamiento y la razón.
Así, la generación literaria de los noventa (específicamente, en la ciudad de Chiclayo), en su temática tratada, mostró un discurso totalmente ajeno a cualquiera de las ideologías antes señaladas. Es en ese sentido, que pudo entenderse un discurso y una temática “desideologizados”. Jamás, y desde ninguna otra óptica, debe entenderse como ausencia de ideología. Ello, seria un absurdo. La ideología como discurso y como praxis, es inherente al ser humano. De allí, que los noventinos hayan expresado una ideología propia, quizás; su desencanto y rechazo a toda practica ideo-política partidaria clásica o hegemónica, podría ser un indicador.
Obviamente, constituye un error o una ligereza, otorgar el significado de “ausencia de ideología” al término “desideologización”. La ideología es inherente a todo acto, pensamiento u omisión humana. Por ello, cuando un autor escribe que “en todo lo que hacemos los seres humanos hay elementos o determinantes ideológicos”, es un acierto.
Observamos, entonces, que la literatura de los 90, “está desprovista totalmente de todo matiz ideológico clásico”. “Clásico”, alude a esos paradigmas ideológicos hegemónicos que zarandearon al siglo XX. Siglo que, en sus últimas décadas, ofreció un panorama distinto. Panorama que algunos estudiosos identificaron como “el fin de la historia” (Fukuyama) o el “fin de las ideologías” (Bell). El liberalismo o la social democracia (para Fukuyama) se perfila como la ideología triunfadora; por lo tanto, el conflicto ideológico ha finalizado, en consecuencia, la historia —en ese sentido— ha terminado. No obstante, de ninguna manera ello implica que en el devenir histórico, no emerjan otros paradigmas ideológicos y quizá también perfilen otros tipos de conflictos, y hasta más aberrantes que los anteriores.
jueves, 21 de mayo de 2009
AUTORES Y LECTORES: Un enfoque desde la teoría de las Inteligencias Múltiples
“Si bien el lenguaje puede ser transmitido por medio del gesto y la escritura, en esencia sigue siendo producto del tracto vocal y un mensaje para el oído humano.”
Howard Gardner
Considero necesario, en primer lugar, señalar los móviles que me sugirieron elegir este tema. En calidad de aficionado al quehacer literario, he podido percibir la principal preocupación de quienes —como yo— realizan actividades que se enmarcan dentro de las denominadas “creaciones literarias”, y tiene que ver con la muy poca o casi nula asistencia a eventos de esa índole. Llámense recitales, conversatorios, encuentros, debates, etc., los asistentes, salvo poquísimas excepciones, son personas que pertenecen a ese círculo pequeño de escritores, poetas, dramaturgos, músicos, pintores, escultores y de toda aquella persona que de una u otra manera ha creado o mantiene cierta relación o acercamiento con alguna o varias de ese tipo de personas. Repito, salvo rarísimas excepciones.
Es así que, después de que la Teoría de las Inteligencias Múltiples —del psicopedagogo norteamericano Howard Gardner, publicada en el año 1983— se hiciera conocida y adquiriera cierto respeto y atención por parte de muchos académicos y psicopedagogos en diversas partes del mundo, he podido entender y explicarme, el por qué de la poca asistencia a eventos que he señalado al inicio. En ese sentido, me adelanto en sugerir a quienes se preocupan sobremanera por este fenómeno, que no hay de qué preocuparse, mas aun, si conciben a la poca asistencia a este tipo de eventos como sinónimo de “bajo nivel cultural” —obviamente, es un barbarismo esta frase, porque no existen los niveles culturales, sí, las diferencias culturales—, o en el peor de los casos como desprecio a la actividad propia de la literatura.
Y en segundo lugar, extiéndase que una cosa es la Teoría de las Inteligencias Múltiples, y otra es el enfoque que en esta oportunidad me permito explicar, a partir de ella y para interpretar, en parte, este fenómeno de la poca asistencia a eventos literarios en la ciudad de Chiclayo. Aunque tengo entendido que es un fenómeno que se da en otros lugares, quizá, en todos los lugares donde se programan eventos y actividades de este tipo.
Como Gardner afirma, fue a partir de la observación de los estudiantes más sobresalientes de distintas instituciones educativas de prestigio del primer mundo, lo que lo llevó a estudiar la inteligencia humana. Se observaron casos en que estudiantes que ocuparon primeros puestos en sus centros de estudios, sin embargo, en sus centros laborales se envolvían en conflictos con sus compañeros de trabajo, y en sus vidas privadas, de igual manera, con los miembros de su familia, constantemente se involucraban en un sinnúmero de conflictos, muchos de ellos con resultados fatales.
En el otro extremo, estudiantes que fueron considerados poco inteligentes o fracasados en sus respectivos centros de estudios, en la vida laboral y en la vida privada, demostraron éxitos insospechados.
Entonces surge la pregunta, ¿Si son muy inteligentes, por qué actúan de esas maneras? Al obtener respuestas no muy convincentes, surge una segunda y muy importante pregunta: ¿Qué es la inteligencia?
Gardner, anota diversas nociones de inteligencia, tales como: “no existen como entidades físicamente verificables”, satisfacen determinadas especificaciones biologías y sicológicas”, son sólo construcciones científicas de utilidad potencial”, “son procesos y habilidades que son continuos entre sí”, y otras más. Pero concluye en que la inteligencia es difícil de definir, mas aun, es indefinible. Tanto así, que señala una cosa que a muchos de nosotros nos podría parecer un absurdo. El Coeficiente Intelectual (CI) no garantiza ninguna veracidad en sus resultados, por lo tanto, no merece mayor atención ni vale la pena otorgarle mucha importancia.
A partir de los descubrimientos que describe en su teoría, Gardner, critica duramente a la escuela moderna, ya que ella, basa sus procesos de enseñanza-aprendizaje, otorgando importancia y promoviendo sólo el ejercicio de dos inteligencias: la lógica-matemática y la lingüística. Es así que en nuestras escuelas, eran bastante promocionados, y sus ganadores compensados, los concursos de matemáticas y de lenguaje. Haciendo sentir al resto de estudiantes, como poco inteligentes o subdesarrollados, y en el peor de los casos, como “burros” e inútiles.
Los estudios permitieron observar la existencia de más de dos inteligencias. Para Gardner, son siete (7) inteligencias. A saber:
• Inteligencia Cinestésico-Corporal.- Habilidad para emplear el cuerpo en formas diferenciadas y hábiles.
• Inteligencia Lingüística.- Habilidad para emocionar, convencer, estimular, transmitir información o complacer mediante el uso de la palabra escrita o hablada.
• Inteligencia Lógico-Matemática.- Habilidad para declarar y operar con entidades abstractas, no lingüísticas.
• Inteligencia Espacial.- Habilidad para crear y recrear imágenes mentales de hechos reales o irreales.
• Inteligencia Inter-Personal.- Habilidad para discriminar entre los individuos a su alrededor y para descubrir sus distintos estados de animo.
• Inteligencia Musical.- Habilidad para crear y recrear tonos, timbres y ritmos musicales.
• Inteligencia Intra-Personal.- Habilidad para descubrir y simbolizar conjuntos complejos y altamente diferenciados de sentimientos.
A parte de estas 7, ya consideradas inteligencias, menciona otras dos que aun no pueden considerarse tales, porque los estudios y observaciones realizados, no satisfacen las exigencias requeridas. Estas dos —posibles futuras— inteligencias son: La naturalista y la del sentido del Yo. Incluso se menciona a una tercera, que sería la inteligencia sexual.
Es entendible que surjan inquietudes en torno a cuál de las inteligencias es superior. Los teóricos afirman que ninguna es superior a otra. Todas ellas tienen igual importancia y aportan por igual a la satisfacción de las necesidades de cada individuo, y por ende, puede entenderse que aportan a la satisfacción de las necesidades de la sociedad humana.
Sabiendo que la inteligencia humana es indefinible, para cumplir con los requisitos de todo trabajo académico, Gardner, menciona una idea que puede concebirse una noción y más o menos poder guiarnos a la hora de señalar a qué inteligencia o qué inteligencia posee tal o cual individuo. Esta idea sugiere que una inteligencia es la capacidad y habilidad para descubrir, crear, solucionar o superar los obstáculos que interfieren con la subsistencia del individuo, logrando así, satisfacer diversas necesidades.
Además, cada individuo tiene las 7 o más inteligencias en su información genética; lo que sucede es que una o más de una —por lo general, más de una—, es la más desarrollada y la que más se manifiesta en su cotidianidad y las múltiples actividades que realiza para satisfacer sus necesidades.
A partir de esta teoría, entonces, podemos explicarnos la poca asistencia a este tipo de eventos —literarios—. Pues, las personas que participan, son personas que poseen la inteligencia lingüística. Ello, obviamente, no impide que sujetos con otras inteligencias no acudan a este tipo de eventos. Pero, como mencioné en un inicio, son casos excepcionales.
“Toda inteligencia se puede aplicar en un amplio abanico de ámbitos culturales” señala Gardner. Esto es, si la inteligencia lógico-matemática es valiosa en nuestra cultura; en otra, puede tenerse como de segundo orden o quizá de muy poco o nulo valor. Así puede suceder con cada una de las inteligencias mencionadas. Por otro lado, se menciona a la triada “Inteligencia-ámbito-campo”. La primera sugiere a cada individuo con su propio perfil de capacidades y valores; el segundo, los ámbitos para estudiar y dominar algo que existen en una cultura determinada; y tercero, los juicios emitidos por los conocimientos organizados que se consideran como componentes de la cultura determinada.
En conclusión, no basta que el individuo posea determinada inteligencia, además, es necesario que la cultura a la cual pertenece, le permita y estimule a utilizar y explotar esa inteligencia, así como, que las autoridades en esa materia en particular, estimen sus actos, esfuerzos, actividades y dedicaciones como acciones valiosas e importantes para la sociedad en la que se insertan.
Que el quehacer literario, en comparación a otras actividades, no sea una actividad masiva en nuestra cultura, entonces, no es motivo de preocupación.
(Ponencia que presenté en el auditorio del Instituto Nacional de Cultura de la ciudad de Chiclayo, el día 08 de setiembre del 2005, en un evento de literatura regional)
lunes, 30 de marzo de 2009
¿EXISTIÓ UNA GENERACIÓN LITERARIA EN LA DÉCADA DE LOS NOVENTA?
(Extracto de ensayo inédito)
¿QUÉ ES UNA GENERACIÓN?
Obviamente, referirse a una generación, estamos refiriéndonos a un grupo de sujetos con existencia propia que ocupan un tiempo (¿Cuándo?) y un espacio (¿Dónde?), expresan un movimiento (¿Cómo?), tienen una causa (¿Por qué?), y anhelan una meta (¿Para que?). Estos sujetos que en algún determinado momento se reunieron, se agruparon y se juntaron, fue gracias a la similitud en sus inclinaciones estéticas (literatura, principalmente) o a la coincidencia de practicar una misma labor: El ejercicio literario.
Si nos remitimos al diccionario de la lengua española, entre otras acepciones que contiene la palabra “generación”, está la siguiente: “El conjunto de los coetáneos”. Coetáneos, en la lengua española, se refiere a las “personas o cosas que viven o coinciden en una misma edad o época”. Época, entre otras acepciones, es “cualquier espacio de tiempo”. Entonces, el conjunto de personas con edades coincidentes que ocupan un espacio de tiempo determinado, es el significado más entendible que podemos otorgar al vocablo “GENERACIÓN”.
Concluyendo, basta esta sola acepción, “el conjunto de los coetáneos”, para afirmar la existencia de una generación en la década de los 90 en la ciudad de Chiclayo. Pero a partir de aquí, pretender la misma afirmación de una “generación literaria”, ya estamos abordando otras áreas, mucho mas complejas que la coetaneidad y el espacio-tiempo.
El término “literario”, en cualquiera de los géneros, necesita de argumentos que lo expliquen, desde otros ángulos, para aceptarlo en su real dimensión. Dimensión, obviamente, que comporta una multidimensionalidad conceptual. Por ejemplo, los enfoques valorativos, epistemológicos, pedagógicos, culturales, políticos, económicos, y otros; son básicos y necesitan ser revisados para siquiera, aproximarnos interpretativamente a una acepción común y consensuada, que nos permita hablar un mismo idioma y lograr el entendimiento que de por sí, nos induce, toda actividad y tarea académicas.
El profesor Néstor Tenorio Requejo, identificándose con la concepción de “generación” que asume Ortega y Gasset —a quién cita—, nos da luces sobre este embrollo semántico; y parafraseando a Ortega y Gasset, nos explica en los términos siguientes:
“... entiende por generación a una elite, a un conjunto selecto de personalidades tocadas por el fuego del espíritu y, por tanto, encarnaciones de la Idea o del Bien, la Belleza y la Verdad” (Rev. Metáfora N° 1 Pág. 12)
Y más adelante, agrega:
“Mas bien, a manera de iluminar este asunto de la generación digamos que hay consenso en establecer siete condiciones que tipifican a una generación” (Op. Cit.)
Señalándolas, en este orden:
1. Coetaneidad o coincidencia en el nacimiento de sus integrantes, en un espacio no mayor de 15 años.
2. Homogeneidad en su educación o formación intelectual.
3. Trato humano o relaciones personales entre los miembros de la generación.
4. Acontecimiento o experiencia generacional unificadora.
5. Caudillaje o existencia de un jefe espiritual reconocido por la generación.
6. Lenguaje peculiar generacional de la generación.
7. Anquilosamiento de la generación anterior.
De entre estos siete puntos señalados, debo aclarar que el punto cinco (5), definitivamente, fue totalmente ajeno a los noventinos; y si se tratara sólo de ese indicador, es coherente manifestar que no existió la generación literaria del 90 en la ciudad de Chiclayo (evitando extender esta reflexión a la circunscripción nacional). Sin embargo, los demás ítem, sí recogen y expresan las características de la generación de los 90. Entonces, sí existió la generación de los 90.
Lo que respecta al vocablo “literario”, prefiero no inmiscuirme en sus acepciones, a riesgo de concluir en una intención académica difusa y dilatativa del objetivo central del presente escrito. Me atrevería sí, indudablemente, sin alejarme del diccionario de la lengua española, pretender una acepción inocua académicamente. De acuerdo al diccionario en mención, literario: se refiere a todo lo “perteneciente o relativo a la literatura”. Y literatura: en su acepción primera indica un “Arte bello que utiliza como instrumento la palabra”.
Siempre, con el afán de evitar toda confusión academicista, quito la frase “Arte bello” —porque sugiere una marca subjetiva muy difícil de consensuar— y me quedo con la ”utilización instrumental de la palabra”, escrita o hablada. En este sentido, literario, como actividad que implica la utilización de la palabra, reafirmo la existencia de la generación literaria de los 90 en la ciudad de Chiclayo. Si existió como tal. Expresó, entre otras cosas, una heterogeneidad muy marcada en su temática y en otras manifestaciones discursivas, pero existió.
Esta generación ocupó un tiempo, la década del 90; abarcó un espacio, Chiclayo; expresó un movimiento, grupos de reunión, de debate, de cooperación recíproca; tuvieron una causa, anhelo de difundir, publicar, expresar sus pensamientos, creencias y criterios estéticos en forma de cuentos, poemas, artículos y otros; y anhelaron una meta, editar una revista, una plaqueta, un volante, un mosquito, etc.; o en sus propias palabras: “darse a conocer”.
¿EXISTIÓ LA GENERACIÓN LITERARIA DE LOS 90?
Quiénes niegan
He preferido partir de una negación de la generación de los 90, como tal. Obviamente, a mí me resulta una percepción bastante radical y que no acepta discrepancias ni un espacio para medias tintas, la percepción de Marcel Velázquez Castro, por ejemplo. Su concepción es la siguiente:
Pese a padres putativos, rótulos infundados y algunas muertes sorpresivas: no existe una generación de los 90. Aunque no faltaron grupos literarios, grotescos movimientos y figuras tragicómicas, jamás se logró articular una propuesta integral respaldada por un conjunto de obras literarias significativas. Los mayores aciertos de la década son logros individuales y enemigos de toda comunidad literaria. (En: la cena de las cenizas: Novela y posmodernidad en el Perú contemporáneo)
Entendemos que la percepción de Marcel Velázquez haya una razón que la explica y la sustenta, como es la no concretización de una propuesta integral a través de una producción literaria, agregándole a esta producción, la condición de ser “significativa”; así como, la tenencia de “padrastros”, no de padres.
Tardaríamos siglos quizás, en lograr una connotación consensuada del termino “significativo” que utiliza Velázquez al referirse a la producción literaria de los 90. Desde la primera intención para elegir los indicadores que nos permitan sostener la “significatividad” o no de tal producción, hasta la construcción del real significado que implica el vocablo “significativo”, sospecho, no lograremos un camino sin conflictos y discrepancias donde cada uno valide y exprese su particular percepción del término en cuestión, hasta hacerla prevalecer sobre las demás de igual rango, importancia y legitimidad. Velázquez no reconoce que la ausencia de una propuesta integral pueda constituir la característica de una generación.
Martín Paredes y Ricardo Zavaleta, emiten una percepción similar:
Empecemos afirmando que no existe una generación de los 90, ni nada que se le parezca. Ante la aparición de la gran cantidad de obras, la crítica periodística (ejercida en nuestro medio con poca seriedad) pretendió ver el surgimiento de un movimiento o generación de narradores. Con criterio oportunista y facilista se quiso homologar y estandarizar a todo estos jóvenes escritores... nada más errado que etiquetarla como generación, ya que si algo pudiera definir a este grupo de jóvenes propuestas es su conformación heterogénea y las diferentes tendencias y voces que presenta. (Martín Paredes y Ricardo Zavaleta; Op. Cit.)
No sólo niegan la existencia de una generación de los 90, sino, que todo rastro, señal, indicio, pretensión o signo que sugiera lo contrario, también es negado y con la misma certeza y convicción que no da lugar a replica ni siquiera para otorgar el beneficio de la duda.
Y de una manera casi irónica y hasta con cierto rechazo a la labor periodística, culpan a ellos (los periodistas) por utilizar el término “generación” sin una razón académica que lo justifique, tan sólo movidos por un factor netamente emotivo por la aparición de una “gran cantidad de obras”. Sin embargo, finalizando el párrafo citado, al señalar a la heterogeneidad como una marca en el discurso de este grupo de jóvenes, están ya, sosteniendo la existencia aunque sea, de un grupo; heterogéneo, pero ahí está. Existe ese grupo, se manifiesta, hace presencia, actúa, deja una marca y expresan, lo repito, una heterogeneidad. Un conjunto de sujetos que practican una labor común: Escribir.
En todo caso, Paredes Y Zavaleta, asumen la hipótesis de no existencia de la generación de los noventa, a partir de una concepción de “generación” que a priori han elaborado y utilizan para concluir en esa afirmación. Básicamente, esta concepción de generación que ellos asumen, interpreto, necesita el requisito necesario y fundamental de “homogeneidad en el discurso”. Entonces, al no existir esa homogeneidad, no existe generación.
Otra versión (la tercera) que niega la existencia de la generación del 90, es la de Peter Elmore (Dr. En Literatura, limeño de nacimiento), en una entrevista concedida en el año 1999, declara:
... no existe una generación de los 90. Lo que hay es un momento de recomposición del espacio literario o del gremio literario –si tal cosa existe en el Perú–, y gente de distintas edades que, por ejemplo, hubiera podido comenzar a publicar cuando tenía veinte años, pero publica en los treinta. (Entrevista realizada por Agustín Prado y Marcel Velázquez Castro. Lima, agosto de 1999)
Otros son los factores que sugiere y toma Elmore, para negar la existencia de una generación literaria de los noventa. El elemento cronológico en las edades de los literatos y el tiempo en el cual deciden publicar sus obras literarias. Me atrevo a señalar que el autor insinúa la necesidad de una relación “tiempo histórico” (en la acepción común de la frase, no en la acepción Gramsciana) con lo que, a título personal, denominaría “tiempo-espacio individual”. Esta relación, no debería abarcar más de una década. En otros términos, Elmore, pretende concebir la edad cronológica de una persona, por ejemplo 20 años, como la edad precisa para publicar o difundir sus creaciones literarias. Pasada esa edad, el autor deja de pertenecer al espacio-tiempo histórico, siempre en el lapso de una década, y pertenecería a la década de otro espacio-tiempo. Se pertenece a la década en la cual se publica la obra literaria.
Alejándonos de esta discusión academicista que podría mostrar una coloración bizantina, Elmore, deja entrever un movimiento literario en la década en cuestión —los noventa— al que le niega el calificativo de “generación”, para otorgarle el denominado “recomposición del espacio literario”. No ofrece mayores características, desde su perspectiva, a esta labor o fenómeno de recomposición que él señala.
Quiénes no niegan
Por otra parte, Fernández Trujillo y María del Carmen, estudiantes limeños, sustentantes universitarios, se refieren a ella así:
“... en los noventa, los discursos épicos de protesta y reivindicación de décadas anteriores pierden consistencia y densidad y son reemplazados por la revalorización de la vida misma, la individualidad; llena de conflictos, violencia, incertidumbres, búsqueda de placeres para olvidar los malos momentos, y esperanza”. (Tesis: “Cine, Sociedad Y Cultura En El Perú De Los Noventa: Análisis Temático De Tres Cortometrajes Realizados Por Jóvenes Directores”. UNMSM)
Estos estudiantes ya señalan a la individualidad como la característica que identifica a la generación de los noventa, apreciación que, en ese sentido, se asemejará a muchas otras. Y más adelante, parafraseando a Venturo, Fernández Trujillo y María del Carmen, en su caracterización de los jóvenes de la generación de los 90, señalan que:
...era normal que a los jóvenes de los noventa se les tildará de displicentes con lo público político...(pues) la generación de los noventa ha sido catalogada también como la generación adversa a la crítica... En los noventa, sobretodo, el pensamiento crítico es asociado a la demagogia y al dogmatismo... (Op. Cit.)
Venturo, señala con mayor precisión y de alguna forma, entiende el por qué del individualismo, en la interpretación de Trujillo y Maria del Carmen, debido a la demagogia y al dogmatismo del que hacía uso el pensamiento crítico de la época. Desde ya observamos que la generación de los 90, en la visión de Venturo, sugiere y pretende dar paso a un nuevo tipo de pensamiento que sea, ante todo, “no-dogmático” y “no demagógico”.
Asimismo, puede entenderse, a partir de la lectura de los mismos párrafos, que esa época —la del noventa— la demagogia y el dogmatismo, fueron características típicas del pensamiento critico o del pensamiento académico. Razones que, entre otras —intuyo—, impulsaron que la generación joven, no necesariamente de manera intencional, asumiera actitudes y comportamientos —siempre desde el lente de Venturo— que suponen un espacio relegado y de segundo orden a las preocupaciones sociales, a la coyuntura, a la realidad observable, a los hechos sociales, a lo político, al poder, etc.; y en su lugar, priorizar sentimientos, sensaciones, anhelos y preocupaciones desde un orden estrictamente individual; quizás, de matices hedonistas, lúdicos, erotómanos, oníricos, etc. No niega a la generación en cuestión, sin embargo la señala como una generación adormilada o dormida, pero que de pronto, despertó, o la despertaron de su letargo después de tanta juerga y diversión, a espaldas de, y divorciadas de la coyuntura.
Otra y no muy diferente apreciación de esta generación es la que otorga José Carlos Yrigoyen:
... los noventa, un período chicha, en el que la dictadura adormiló a los poetas. Y ahora ellos son los hijos del terrorismo urbano, que por entonces no tenían conocimiento de lo que sucedía a kilómetros, salvo por uno que otro coche-bomba. Son poetas que no han tenido una perspectiva real de lo que pasó. (En: “Libertad bajo palabra”. Una entrevista por Francisco Izquierdo Quea; Lima, 1980. Publicado en Revista Quehacer N° 149)
Yrigoyen, releva el papel que jugó la lucha armada en la década de los noventa —“periodo chicha”—, fenómeno político que la generación de los noventa no la distinguió porque permitió que la “adormilaran”, por lo tanto, no conoció ni comprendió en su real dimensión a este fenómeno que marcó la década de los 90 en nuestro país.
A la generación de los 90, aclaramos, dentro de una gama de cualidades a las que se le ha relacionado, resalta la de “Individualista”. Una generación que prioriza su intimidad, sus percepciones y utiliza la subjetividad como unidad de medida para rechazar, apreciar o concebir las cosas, hechos, ideas y pensamientos; y postular o tomar partido por alternativas totalmente diferentes, cargadas con fuertes dosis de indecencia, rebeldía e informalidad.
Yrigoyen, se refiere a la lejanía o divorcio con la coyuntura que podemos hallar en la temática de la poesía de los 90. Responde así, a una pregunta que se le hiciera al respecto:
... el gran problema de la poesía de los noventa es su falta de conciencia ante la coyuntura. (Op. Cit)
Podemos interpretar este “divorcio con la coyuntura” como una de las expresiones del individualismo, típico en los jóvenes de los noventa. Al respecto, nuevamente, Fernández Trujillo y María del Carmen, sobre ello, se refieren de una manera más clara y entendible:
... que el individualismo está referido a la actitud indiferente de los jóvenes hacia lo público-político y la poca valoración a las organizaciones o a los movimientos contestatarios pues, dentro de su lógica, no constituyen los medios para integrarse y vivir procesos de movilidad social positiva. (Op. Cit.)
Y Sandro Venturo, parafraseado por Trujillo y Maria del Carmen, concluye en lo siguiente:
... Este individualismo en los jóvenes se expresa en su actitud defensiva frente a su animadversión y desconfianza a toda práctica política y en su yo responsable frente a su suerte y a sus metas para el futuro, metas concretas que debe cumplir en el menor plazo posible.(Op. Cit.)
A partir de esta cita, Venturo, deja entrever el papel poco serio e irresponsable que jugó la clase política por medio de sus organizaciones político partidarias que, se entiende, en su lógica de la lucha por alcanzar el poder, al no cumplir o defraudar las expectativas que ellas mismas crearon, propiciaron la génesis de un clima social sostenido en la desconfianza y animadversión, ante lo que, ellos fueron los más perjudicados.
En esos términos, cabe la utilización lógica del término “apolítica” para señalar una de las tantas características que expresó la generación de los 90. No, claro está, como sinónimo de “no políticos”, sino, no identificados con ninguna de las alternativas político-partidarias, existentes y operantes en el mismo espacio tiempo que ella ocupó.
Siguiendo con las apreciaciones de observadores de la ciudad capital (Lima), que hacen de la generación de los 90, partiendo de la conducta que ella asume en la ciudad de Lima; Martín Paredes y Ricardo Zavaleta, escriben:
La década del 90 se caracterizó -entre muchas otras cosas- por la eclosión de una literatura escrita por jóvenes y casi exclusivamente para ellos. Había llegado el necesario recambio generacional que revitalizó el campo de la narrativa peruana, ya que el panorama literario durante los años ochenta acusó la ausencia de jóvenes narradores (En: “Permiso para escribir”)
Otro lente es el de Antonio Sarmiento, quién, en su artículo citado líneas arriba (refiriéndose a la generación de los 90 de la ciudad de Lima), escribe:
“...esta hornada de poetas poseen, de manera colectiva, un sello propio que se da incluso, a través de la heterogeneidad y dispersión de estilos y tendencias por ello frente al rótulo-clisé de Generación del Noventa, nosotros anteponemos el término Poesía del Noventa...” (Op. Cit.)
Una vez más, el individualismo, expresado en forma de intimismo —una mirada al yo, una introspección unilateral, un Eros exacerbado, un ego, un amor propio, una explicación del mundo exterior, a partir, de mi intimidad—, es señalado como una de los caracteres de la generación de los noventa. Sin embargo, estos mismos autores, se refieren a la década del 90 para caracterizar y emitir opiniones del ejercicio literario que realizaron jóvenes en ese pedazo de tiempo; pero no reconocen la existencia de una generación que los agrupe a ellos y ellas, como hemos señalad anteriormente.
Sin embargo, “hornada”, por enésima vez, identifica a una generación, a una agrupación de sujetos que, aún heterogéneos y dispersos, constituyeron y dieron vida a la generación literaria en cuestión. Esta y otras voces ya indicadas, discrepan y contradicen a las voces que niegan la existencia de una generación literaria de los 90; como son las voces de Marcel Velázquez Castro, Martín Paredes y Ricardo Zavaleta (coautores), y Peter Elmore.
En otros términos, heterogeneidad que otorga una rara y extraña, insólita “homogeneidad”. Tal vez, podría expresarlo de otra manera; los sujetos de la generación de los 90, son partícipes de una heterogeneidad ideológica, pero que les propicia una homogeneidad —en las palabras de Rocío Silva Santisteban— del “aura estética”. Los divide la ideología y la política, pero los acerca esa inevitable y poco comprendida quizá, “banal, fugaz”, atracción por la estética y el cultivo de la belleza. Ella nos señala:
Sin duda lo que une a estos jóvenes escritores... es un aura estética. No se trata de un lazo unívoco a partir de la vivencia apasionada de una propuesta ideológica o política, sino simplemente de un sentimiento banal, fugaz, trágicamente superficial y dionisíaco. (En: “La novela joven. Una propuesta”. URL: http://www.desco.org.pe/publicaciones/QH/QH/qh116rss.htm )
Los noventa en la ciudad de Chiclayo
Retornando a la delimitación espacial del presente escrito (Chiclayo), subrayo que se tomará en cuenta el movimiento que expresó la generación del 90, en la dimensión de colectivos (grupos o también denominados círculos literarios), no de individuos. Bajo esta referencia, cabe mencionar a los colectivos: ARBOLEDA (1993), DKVSA (1997), ARGOS (1991), UBICUOS MALDITOS (1991) —los años que señalo entre paréntesis, indican el año en el cual aparecieron—.
Estas agrupaciones son nombradas porque se manifestaron en la ciudad de Chiclayo, específicamente. Quizás pudieron existir otras fuera de esta circunscripción, pero el autor no ha tratado de confirmar esta suposición, mas allá de entrevistas informales y superficiales, dirigidas a los sujetos que conformaron las agrupaciones ya mencionadas o a otros personajes de generaciones anteriores, llamados “los viejos”.
Joaquín Huamán Rinza, en su artículo “La poesía de los noventa ¿Continuación de una tradición?”, se refiere a ellos así:
“... encontraremos heterogeneidad entre ellos. Las diferencias de estilo saltan a la vista, cada cual marcha en busca de su propio derrotero y la irradiación de esa individualidad es ser cosmopolita” (Rev. Metáfora N° 1, Pág. 7)
Desde ya puede notarse la individualidad como una de las características de los noventinos, en la percepción de Joaquín Huamán, percepción que no es única y que, coincidiendo con otras, le otorgan la debida veracidad. Es más, “Ellos” en esta cita, señala a un colectivo, un grupo, una sociedad, una generación.
Estos sujetos coetáneos de los 90, que antojadizamente llamo “noventinos”, se agrupaban en distintos lugares y en una secuencia casi regular, en algunos casos (ARBOLEDA y DKVSA, por ejemplo), para compartir sus creaciones, en forma de lectura silenciosa o a viva voz, en manuscritos, en plaquetas o digitadas informalmente. A esta tarea, se sumaba la de “crítica” que del mismo modo, y sin ninguna norma formal, hacían uso los presentes a viva voz, de preferencia, o por escrito (ARBOLEDA y DKVSA, por ejemplo), de las propias obras que ellos daban a conocer; en otros casos, la crítica también iba dirigida a los autores. Y no sólo eso, también se ocupaban de obras de generaciones anteriores y de personajes ya reconocidos nacional o internacionalmente, compatriotas y foráneos, pero no constituyó el eje central.
A raíz de estas actividades, se entablaban debates encendidos y discusiones que, en algunos casos, se hacía partícipe al elemento ideológico, llegando a constituir, éste —en contados casos— el elemento central y factor de cohesión del grupo en el debate. Sin embargo, no se llegó a elaborar y emitir algún tipo de manifestación que presuma de contener el ideario colectivo del grupo, referente a las consideraciones que se pudieran tener sobre el quehacer literario, ya sea en la localidad, en la región, en el país o en el mundo. Hubo sí, más de un intento en ese sentido (DKVSA, por ejemplo, en el primer número de su publicación que llevaba el mismo nombre), sin embargo, incluso habiendo editado y difundido algún escrito que presuma de expresar ello, no alcanzó mayor connotación ni la sociedad le aportó la seriedad que, se supone, este tipo de difusiones merece. Quizá, relativamente, pudo haberlo logrado; en todo caso, fue un logro sucinto, fugaz, casi imperceptible.
Por su parte, Nicolás Hidrogo, en sus “9 Asedios a la Generación Literaria Juvenil Lambayecana de los 90”, se refiere a los noventinos, así:
“Fue una generación de estudiantes o aspirantes a profesores de Lengua y Literatura, Sociología o Derecho; en otros casos, autodidactas o simples juergueros en búsqueda de grupo”.
Años después (abril del 2004), Nicolás Hidrogo, fortaleciendo su percepción de los noventinos, escribirá lo siguiente:
“En realidad la generación de los 90 es una generación subterránea, y en algunos casos clandestina del margen oficial, con un ensortijado de pose, exhibicionismo, llamada de atención, figuretis, pero existió... Fue una generación predominantemente poética y articulera, de recital y de juerga... muy dividida y soberbia... noctámbula...pero también incursionó en la narrativa” (“Literatura de los 90 en Lambayeque”. En Rev. Metáfora N° 1 Pág. 3)
Y en el epílogo de su libro “Generación de los 90 o Generación Plaqueta en Lambayeque”, Hidrogo, en mi apreciación, construye una descripción bastante exacta de esa generación literaria de —y desde— la ciudad Chiclayo. Escribe:
La generación literaria de los 90 en Lambayeque fue una generación inmadura para el éxito, desorganizada, mediática, juerguera, humera, efectista, de pose, cargada de odios y rencores cismáticos que no conocieron líder alguno porque no sólo se sentían huérfanos de influencias, lectores, mentores, exegetas, mecenas y público, sino también huérfanos de unidad y solidaridad humana y respeto por lo que cada uno aportaba. (Op. Cit.)
A este punto y después de tomar diversos textos escritos por Nicolás Hidrogo, vale resaltar que él, se ha erigido y constituye uno de los autores “noventinos” más dedicados a describir, estudiar y escudriñar, desde su óptica propia y particular, las actividades y presencia de la generación literaria de los 90 de la ciudad de Chiclayo; y no sólo eso, sino que se atrevió a difundir y publicar sus conclusiones e hipótesis.
A su turno, Luis Heredia, un integrante de la generación de los 90 de la ciudad de Chiclayo, sobre ella, anota:
En los poetas y escritores “emblemáticos” de esta generación denotamos una actitud de engreimiento que solo lleva a perpetuar la maquinaria voraz del snobismo literario, llegando a la “pose” y al “desmadre” total, perdiendo toda perspectiva, todo horizonte, centrándose básicamente en aspectos domésticos... (En: “¿Poesía del Desencanto o Poesía de la Apatía?”. DKV S.A. N° 1, Pág. 3. Chiclayo, octubre de 1997)
Para Heredia, la generación literaria de los 90, fue una “generación doméstica”, permitiendo talvez, que el snobismo literario se apodere del espacio que se supone, sólo a ella le corresponde copar. Sin embargo, individualismo, es un término que nos permite construir distintos y diversos enfoques, a razón de la flexibilidad que conlleva su acepción. Algunos lo relacionan con egoísmo y perversidad; otros, con impotencia e ignorancia, miopía social, ineptitud, y hasta con estupidez. Nunca, con solidaridad, cooperación ni identificación de cuerpo o de pertenencia social.
El periodista y poeta, Larcery Díaz, residente en la ciudad de Chiclayo (citado por Joaquín Huamán), se referirá a la generación noventina en los siguientes términos:
“Son de una rebuscada sencillez y deliberado descoyuntamiento del verso, con nuevas fórmulas literarias que aparecen como si sus autores quisieran fugar de lo estrictamente poético... se han atrevido a buscar un nuevo lenguaje, un nuevo espíritu a la poesía lambayecana” (Rev. Metáfora N° 2 Pág. 7)
La particularidad en esta visión de la literatura noventina, y que contrasta con las otras, es que la relaciona con una búsqueda de la identidad de la poesía lambayecana.
Por ejemplo, un par de años atrás, escribí un primer artículo (que en ese entonces, lo identifiqué con el intento de un ensayo sobre los noventinos) y después de muchas dudas y de saltar ociosas cavilaciones; en el cual, en uno de sus párrafos, expresé lo siguiente:
“El temor a sí mismo, el deseo carnal, el aburrimiento, la apatía, la anomia, admiración hacia el anarquismo, el ateismo, la contranatura, los alucinógenos, la bohemia, la imitación fácil, la transculturización rimbombante, etc. Caracterizan y colorean la producción literaria de los 90, en la ciudad de Chiclayo” (“Ideología y literatura de los 90. Caso Chiclayo”. En Rev. Metáfora N° 1 Pág. 6)
El profesor Dandy Berrú Cubas junto a otros, se suma a las voces que admiten la existencia de una generación literaria de los 90 en la ciudad de Chiclayo; respecto a la temática tratada en sus debates y tertulias, la describe así:
“Pero las conclusiones a las que se llegaba... era de disconformidad, rebeldía reprimida contra el sistema, así como de acentuado desencanto” (“A propósito de los ARBOLEDA y sus ‘Cantos de Ahora Mismo’”. En Rev. Metáfora N° 1, Pág. 2)
Si existió o no, la generación literaria de los 90, es una inquietud que demanda a quienes se atrevan a responderla, señalar anticipadamente, el enfoque académico-epistemológico desde el cual abordan su apreciación, así como el marco teórico-conceptual que utilizan para justificar su discurso. En caso contrario, toda respuesta dada, podría no constituir una contribución favorable a su aclaración.
(Este artículo es el estracto de un capítulo de un ensayo inédito sobre la generación literaria de los años 90, que lo presenté como ponencia en un evento literario en la ciudad de Chiclayo.)
miércoles, 25 de marzo de 2009
LA GENERACIÓN LITERARIA DE LOS 90 EN CHICLAYO
(Extracto de ensayo inédito)
De una forma más directa y sin reticencias, abordaré desde los ojos de los propios actores, la percepción de cada uno de los grupos que se formaron, con el objetivo —no siempre manifiesto ni confirmado literalmente— de cultivar, ejercitar, explotar, explorar, escudriñar, analizar, escribir, difundir, divulgar, debatir, y compartir temas literarios.
Es en este marco, de cada uno de ellos (de los grupos), me referiré en una dimensión poco más que sucinta y quizá, ni siquiera así. Lo haré brevemente, en tanto ello signifique e implique no redundar ni viciar, percepciones ya señaladas en otras oportunidades.
Asimismo, lo referente a la existencia, o al espacio-tiempo que ocuparon en tanto grupos o reunión de coetáneos “cohesionados” con relativa regularidad para, principalmente, difundir y publicar sus creaciones y escritos literarios, he tomado como fuente, la información verbal vertida por varios de sus integrantes o ex-integrantes. Así como, teniendo a la mano, el artículo de Luis Heredia “Generación Literaria Juvenil Lambayecana de los 90’s Entre telones y rasgos”, publicado en la revista METÁFORA N° 1; que a pesar de su pequeña extensión, es un visión concisa, esquemática, ordenada y entendible, en su género, sobre la generación en cuestión.
Dado la informalidad con que operaron estos grupos o círculos literarios, es difícil señalar el periodo de vigencia que tuvieron. Es así que los años que aparecen entre paréntesis, al lado de cada nombre, señalan el periodo de mayor actividad, de mayor presencia, o de mayor cohesión, por decirlo de alguna manera.
Además, estos grupos durante su existencia, guardan una similitud en su ciclo vital: es tripartito. Para Hidrogo estas partes son: arcaica, fundacional y dispersión; y para Heredia, inicio, aglutinamiento y dispersión. Lo que podríamos denominar, una primera etapa de nacimiento, otra segunda etapa de apogeo, y una tercera etapa de decadencia.
En todo caso, los años señalados entre paréntesis, aluden a esa segunda etapa. Etapa fundacional, de aglutinamiento o de apogeo.
La generación literaria de los noventa en la ciudad de Chiclayo, se manifestó a través de cuatro grupos o círculos literarios. Sin embargo, la mayoría de ellos, los autores noventinos, han iniciado o saltado a la palestra literaria en el grupo denominado UMBRAL, que fue el primero que se formó (1989) —cuando no existían aún, los otros— pero que su directora, pertenece a la generación de los 80. Es así, que iniciaré la descripción breve de cada uno de los grupos, con él: UMBRAL.
1. UMBRAL (1989-1994)
Centro de Desarrollo Cultural para el Joven y la Mujer UMBRAL (CEDES UMBRAL), es el nombre completo con el cual se identificó desde un inicio. Mariana Llano (seudónimo) fue la directora. Los otros miembros fueron: Giulianna Rosemarie Aguirre Zevallos (1969), y Nevenka María Jesús Waltersdorfer Mendoza (Chiclayo, 1970).
Aunque también participaron Juan Carlos Flores Tucto, Dandy Berrú Cubas (Chiclayo, 1967), Juan Montenegro Ordoñez (Chiclayo, 1967), Luis Yomona Yomona (1967), Wilson Esteban Guevara, Carmen Julia Palmer, Leonela Másquez, Freddy Cabanillas Terán, Carlos Cachay Flores, y otros.
Debido, actualmente, a la permanencia de la Directora lejos de nuestra patria (reside en España), ha sido imposible obtener mayor información precisa. Sin embargo, se han rescatado datos que reflejan su existencia y sus principales caracteres como grupo literario. SOLSTICIO fue la revista que editó. El año 1997 (ya en la etapa de dispersión) editó la número 13.
Mariana Llano, su directora, perteneció a la generación de los 80, pero la mayoría y los demás integrantes del grupo, fueron integrantes de la generación de los 90. Ella, deslegitima el carácter de coetaneidad que sí lo tienen los demás grupos. Es un caso genuino, en ese sentido. Aun así, realizaron un trabajo valioso y muy coordinado. Puede decirse que salvaron los abismos etéreos, tendiendo puentes comunicantes, tan difícil en estos tiempos de confrontaciones generacionales.
Aunque las declaraciones que brindan los integrantes noventinos que sostuvieron un acercamiento con UMBRAL, manifiestan un sentimiento de no-pertenencia con el grupo, sólo se consideran “colaboradores” o jóvenes que decidieron apoyar a UMBRAL —apoyar a Mariana Llana, en su valioso y casi solitario esfuerzo por establecer una cultura literaria en la ciudad de Chiclayo—; pero no asumen la calidad de “integrantes” de UMBRAL.
Sin embargo, en la calidad de colaboradores o personal de apoyo en las actividades que programaba e impulsaba UMBRAL —sinónimo de Mariana Llano—, estos jóvenes noventinos, quizá, sin quererlo, le impusieron un sello, una marca literaria o la réplica de su particular percepción del quehacer literario en la región, en el país, y quizá en el mundo; así como, perfilaron de alguna manera, el material literario que se publicaba en su revista “Solsticio”. Amén, de los escritos que ellos y ellas, en sus páginas, difundían. Aun así, Stanley Vega se refiere a UMBRAL y escribe que “no era una expresión netamente joven” .
UMBRAL fue un grupo que se dedicó a promocionar, organizar y ejecutar eventos literarios locales, regionales, nacionales e internacionales, así como a editar (en ediciones artesanales y económicas, pero valiosas para sus autores y autoras) las producciones de los noventinos. “Se le reconoce como taller promotor y difusor de los trabajos de los círculos existentes y quizá el que tuvo mayor resonancia” comenta Nicolás Hidrogo.
Después escribiría que UMBRAL “es el afán editorial y la proyección, búsqueda de talentos, rol promotor de eventos literarios: recitales, conversatorios y encuentros”. En realidad, UMBRAL fue ello. Editó varias publicaciones de autores y autoras de la generación de los noventa, atendiendo la demanda y concretizando los sueños de ellos y ellas.
En el marco del “II Congreso Internacional de Escritores Chiclayo 97" Mariano Llano se dirigiría a UMBRAL como un “grupo humano que cree en la palabra y su fuerza, que intenta construir a partir de ella, sólo somos un grupo pequeño que intenta realizar sueños enormes”. Modestia innegable y humildad escasa en nuestros tiempos, y en el ambiente literario.
Vale esta cita para rememorar la personalidad de Mariana Llana. Fui uno de los “colaboradores noventinos” que la acompañó en algunas de sus innumerables caminatas por las calles y avenidas de la ciudad de Chiclayo. Una mujer valiente y valerosa, indesmayable, terca, obstinada y con mucha fe en su propia fuerza, “... inquietud que nos ha llevado a realizar eventos y publicaciones con la constancia de nuestra raza mestiza, chola” escribiría refiriéndose a las diversas actividades que ejecutaba UMBRAL. Logro construirse su espacio propio en la localidad.
Mariana Llano, tocó puertas y ventanas, pisó callejones y pasadizos de edificios burócratas para solicitar el apoyo tan necesario en este tipo de actividades “culturales” que cuestan y que nada aportan —económicamente—. Perseguía un único objetivo: promocionar y difundir, y hacer de la organización de actividades “culturales, literarias y artísticas” un hábito urbano en esta ciudad.
Recuerdo su llegada a la Casa de la Cultura (así se le conoce a la sede del Instituto Nacional de Cultura – Regional Lambayeque), con la mirada cansada, el rostro preocupado y el cuerpo fatigado. Había recorrido media ciudad, y nada. Pocas respuestas positivas. Nada más que promesas, lindas palabras y frases de aliento. Apoyo moral, nada más.
Los años que vivió UMBRAL tuvieron esa característica. “A través de ellos hemos caminado, aprendiendo y compartiendo una y mil experiencias que nos han hecho crecer y fortalecernos” escribe Mariana Llano. Duro aprendizaje, valiosísimo por cierto.
Estamos enterado que en España, hoy en día, Mariana Llano continúa en la brega de la promoción literaria. Planifica, crea y recrea alternativas y espacios de expresión (tiene un web site). Una mujer emprendedora, a todas luces. Antes que con discursos y verborrea viciada, con hechos concretos y actividades sin fin, señala la vía efectiva para la liberación de la mujer. Liberación de sí misma, en primer lugar.
2. ARGOS (1991-1994)
Si se tratara de personificar el espíritu de un grupo en una sola persona, Joaquín Huamán Rinza (Kañaris, Ferreñafe, 1963), sería quien personificaría a ARGOS. Quien le dio vida, impulso y lo mantiene vivo todavía, a través de tantos años. Aunque ahora, podemos señalar que se halla en la etapa de dispersión. Aún, Joaquín, se las arregla para continuar editando la revista ARDIENTE EXILIO. Junto con ARGOS, constituyen las revistas oficiales de ellos.
Aunque podríamos hablar de una “dispersión ultra prolongada”, pues el grupo feneció en el año 1994. Y podría ser acertado cuando Stanley señala que ARGOS se ha reducido a “una mera opción lírica” y que las publicaciones todavía vigentes, no son sino, “un acto personal de Joaquín Huamán”.
Sus integrantes fueron: Luis Antonio Noblecilla Rivas (Chiclayo, 1971), Carlos Alberto Becerra Popuche (Chiclayo, 1971), Ernesto Benigno Zumarán Alvites (Chiclayo, 1969), Carlos Cachay Flores, Freddy Cabanillas Terán, y William Celis Guerrero. Colaboraron también en él: Franco Yáñez, Rómulo Gutiérrez.
A Joaquín se le ocurre formar un grupo con muchachos “renombrados” gracias a la obtención de algún premio en los tantos juegos florales que se realizaban en la época. Uno de ellos y el considerado de mayor prestigio, continuidad y anhelado por casi todos los noventinos. Era el Concurso de Cuento y Poesía a nivel regional que realizaba anualmente el suplemento cultural LUNDERO del diario La Industria de Chiclayo y Trujillo.
ARGOS se fundó con varios de los ganadores, gracias a la idea ambiciosa y anecdótica de Joaquín Huamán Rinza. Por ello, muchos los catalogaban como los intelectualoides, los “consagrados”, las “vaquitas sagradas de la localidad”, los “ricos”, los “poseros”, etc. Todas esas referencias eran expresadas con un marcado matiz irónico y sarcástico, hiriente y perverso.
Para Hidrogo, ARGOS, fue “el continuador personalista de sus representantes”. Para Luis Heredia, en cambio, este grupo “careció de actividad orgánica, no organizó ni eventos ni recitales ni conversatorios... no logró gravitar en la escena...”. A su turno, Stanley Vega, de ellos escribe que “Nada publicaron. Ningún documento impreso dejaron, aparte de su desarrollo poético, claro está”.
ARGOS, constituye el quehacer literario divorciado totalmente de toda influencia de los paradigmas ideológicos hegemónicos. De las publicaciones que difundieron, sólo en una de ellas (ARGOS N° 08), en la contracarátula, en forma de poema, se lee un discurso que pretende delinear el perfil ideológico de sus integrantes. Este escrito tiene por título “Nosotros botamos basura a la Casa de la Cultura”.
Entre otras cosas, escriben que el marxismo y leninismo les causaron dolores de cabeza, y que en calidad de ganadores de diversos juegos florales, ganaron también, envidias animalescas, odios escondidos, recelos, vilipendios, rechiflas, fatulencias verbales, etc., etc. y etc.
Llama la atención, lo que en unos versos afirman: “nosotros somos los buenos poetas olvidados... pura mierda no más”. Reflejando cierta similitud con el lenguaje que utiliza DKV S.A. en su fanzine oficial, al cual nos referimos más adelante.
Al margen de ello, no hallamos, en ninguno de sus versos, alusiones directas al devenir político, ideológico o cultural de la sociedad peruana. Observamos y leemos una poesía “pura”, o más o menos así. Poemas despojados de cualquier compromiso social, ningún manifiesto, ningún interés en interferir, sugerir o intervenir verbal o discursivamente, en la marcha de la sociedad humana.
Tampoco sugieren la lectura de ningún autor consagrado ni obra alguna de lectura necesaria. No reniegan de la actualidad literaria en el país ni del mundo, no señalan deficiencias ni realizan apologías directas de ninguna otra filosofía que pretenda la construcción de una sociedad más justa y equitativa, ni en aras de una sociedad más culta e intelectual.
ARGOS, en ese sentido, se ubica, desde mi percepción, en un lugar neutral, en el sentido ideopolítico o proselitista. Se mostraron despojados de toda influencia que ejercen las cruentas e infinitas batallas ideológicas que siempre se apropian de este tipo de grupos literarios y estampan sus oscuras, deformes, horribles e indelebles manchas filosóficas en sus discursos, escritos y expectativas.
Puedo señalar que ARGOS, obtuvieron el lujo de nadar, ni en contra ni a favor de la corriente; sino, al margen. Un absurdo, claro está. Puede que ser que representaron esa actitud que caracterizó a la generación de los 90: Vivir de espaldas a la coyuntura (aferrados a la literatura)
3. UBICUOS MALDITOS (1991-1994)
Los UBICUOS, son otra historia. Nicolás Hidrogo personifica el espíritu y en cierta manera, es —o fue— el líder del grupo. En cierta ocasión escribió que “fue sólo un trío individual salido de las canteras de ARGOS”. A su turno, Luis Heredia describe que “aparecieron como respuesta a la rancia y gerontocrática escena literaria lambayecana”. He aquí, un ejemplo de ese repudio a los “viejos” y todo lo que ello implique, de parte de los noventinos.
Sus integrantes fueron tres: Nicolás Hidrogo Navarro (Ferreñafe, 1968). Luis Yomona Yomona (19679 y Luis E. Facundo Neyra. El “trío maldito”. El anticlericalismo fue, en ellos más que en los otros grupos, una marca propia como peculiar. Aunque también participaron con ellos, Luis Hinojosa Valdera (1967) y Gustavo Alonso Mondragón Hernández.
Los poetas franceses Rimbaud, Verlaine y Baudelaire (los poetas malditos), se constituyen en los paradigmas de estos jóvenes lambayecanos. Expresaron “la rebeldía y la pose revivida” de ellos, escribió Stanley Vega.
Sin embargo, es propicio señalar que a diferencia de los otros grupos, UBICUOS MALDITOS, no ha editado ninguna revista o fanzine “oficial”. Sólo plaquetas, dípticos o trípticos en los cuales muestran sus producciones literarias. Después de su deceso (1994), en la etapa de resurrección (el ave fénix de la literatura lambayecana), publican la revista METÁFORA.
Fue sí, el primer grupo que se atrevió a elaborar y difundir un manifiesto (el N° 01, año 1994) donde expresaron su pensamiento referente a la literatura y a los autores de la localidad, entre otras cosas. Una rebeldía sin límites y un lenguaje agresivo e insulso. Esto pertenece a su etapa de apogeo que no duró mucho tiempo. Para Heredia, UBICUOS MALDITOS no tuvo un apogeo mayor a tres meses.
Culminada incluso su etapa de dispersión y muerte repentina y prematura, resucitó. Ahora, sumados Luis Hinojosa Valdera, Rubén Mesías Cornejo y Luis Heredia González, como diría Stanley, quizá en una “especie de aliados tácticos y demás intereses” (METAFORA N° 2)
El año 2004, ya va difundiendo tres manifiestos más (mayo, octubre y noviembre de 2004). En ellos, de igual manera, hablan de la literatura, del quehacer artístico en la ciudad de Chiclayo, haciendo uso de frases peyorativas y tajantes, directas y sin eufemismos. “Los UBICUOS MALDITOS no estamos al lado del bando oficial lamiéndole las rodillas o las axilas a la autoridad o al gran señor” (mayo 2004).
“El INC-Labayeque se ha convertido en un ente receptáculo de impuestos y vividor del arte y los artistas... y sólo sobrevive con el prurito de conservar cultura muerta de huacas, tumbas y entierros...” (octubre 2004); y en el manifiesto N° 04, en uno de sus acápites escribe que “El verdadero artista ofrece su arte desinteresadamente; el mercachifle de la cultura, le pone un precio, vive y hasta lucra con él” (noviembre 2004)
Es obvio que en sus líneas, están ocultos diversos mensajes dirigidos a personas y personalidades del medio. ¿Quiénes son? Habría que averiguarlo.
El nacimiento de los UBICUOS MALDITOS, está despojado de toda intención seria y responsable. Surge a raíz de la amistad entre algunos estudiantes de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo. Los acerca la amistad y las carencias económicas y monetarias. Se conocieron y profundizaron sus amistades en el Comedor Universitario. Ahí descubrieron sus afinidades sobre todo las relacionadas al desorden, la rebeldía, la indecencia y cosas así. “Jodíamos a todo el mundo impunemente”, escribiría Hidrogo sobre esa etapa.
Y continúa: “Estábamos como aguafiestas en cualquier espacio, en cualquier evento e imponíamos nuestro criterio de abierta y desafiante crítica contra la formalidad”. Así se nutrieron y entrenaron para más tarde escribir poemas y discursos en ese orden, también “jodiendo”, indudablemente.
Su primer espacio “privado” que gozaron y les permitió “foguearse” literariamente, fue una de las casonas antiguas y abandonadas de la ciudad de Lambayeque. Ahí descansaban, dormían, tertuliaban, jugaban, estudiaban y planificaban las próximas jodas; estampaban grafittis en las paredes de adobe y cosas así; se autocomplacían, los unos a los otros.
Una vez establecido el nombre del grupo UBICUOS MALDITOS en alusión a los poetas malditos franceses, y también por el espíritu maldito (rebelde, atrevido, incólume, temerario, impetuoso) que sentían —lo admiten— poseían; fijaron una especie de iniciación para pertenecer al grupo. Un rito casi satánico. La ouija, este extraño y misteriosos juego, era el pasatiempo favorito. Invocaban demonios y maldades, desafiaban a fuerzas desconocidas, ofrecían sus almas al más allá, para obtener fuerzas y “joder” —diariamente— en el más acá.
Sobre su temática, el anticlericalismo, sobresalió e impactó por sobre todas las cosas. Hablar de Dios (con mayúscula) como un ser ordinario y mortal, ocupado en sus genitales y en otras tareas íntimas, y recitarlo en alta voz y con una tonalidad enfática (en encuentros, recitales, conversatorios, etc.), causó revuelo en los oyentes, y después, en los lectores (desprevenidos y accidentales —por no decir, “victimados”—, la mayoría de ellos y ellas). Produjo gestos, muecas, fruncidas de ceños y comentarios diversos y adversos. Toda una fiesta.
Realmente eran unos “malditos”. A decir de Hidrogo, hicieron suya una poesía que ostentó un “contenido de protesta irreverente hasta contra la divinidad”. Se refiere a la poética de Luis Yomona Yomona, y especialmente a un poema titulado “El hombre de la creación” que Hidrogo considera el “gran poema símbolo de la generación de los 90”.
Los primeros versos de este poema dicen: “Y Dios se masturbó sobre la tierra/día sexto/y regó enorme nebulosa/entre aguas oxidadas y piedras caudalosas/El hombre se hizo carne/Y la carne hombre en presencia del tiempo...”. No está claro si esta poesía causó sorpresa y espantó a muchos oidores, por el tema en sí, o porque representaba algo nuevo en esta urbe. Particularmente, me inclino por lo segundo. Realmente jodieron.
4. ARBOLEDA (1994-1999)
Además de haber constituido, en algún momento de su existencia, una alternativa y un espacio que aglutinó a la totalidad de los noventinos que se manifestaron de una y mil maneras, representó la promoción del conjunto de expresiones artísticas del medio: música, literatura, teatro, pintura, etc.
ARBOLEDA, en algún momento se convirtió en el espacio propio de los noventinos, en el cual, a toda libertad, proclamaban sus pensamientos, sentimientos y vivencias. Contradictoriamente, una vez cumplido su ciclo vital, fue el grupo que más improperios y ánimos contrariados ganó
Me atrevo a señalar que ARBOLEDA, pudo sentirse como una hermandad algo rara y poco común —si la vemos dentro de la óptica teórica de los grupos humanos— al ser capaz de aglutinar a tan diversas y contradictorias individualidades. Obviamente, desde una mirada no muy sesuda, y al escucharlos y observarlos a cada de uno de ellos y ellas, sólo la literatura o el ejercicio literario o simplemente la afición hacia ella, puede explicar que personalidades tan distintas, tan heterogéneas y diametralmente opuestas, pudieran congraciarse e interactuar en un espacio tan difuso, pequeño, poco prometedor y sin norte legítimo, como fue ARBOLEDA.
Fue tan profunda la empatía que se generó y tan transparentes los lazos articulantes entre los involucrados, que AROLEDA, a pesar de su corta vida, informal y accidentada, jovial y humana, fraterna y amical, individualista y heterogénea... ha quedado en la memoria como la ocasión y oportunidad de aglutinar a casi todos los literatos (y practicantes o aficionados de otras actividades que llamamos “artísticas”, tales como música, teatro, mimo, etc.) de los noventa de la ciudad de Chiclayo, y cómo negarlo, también de otras provincias del país.
Stanley Vega Requejo (Santa Cruz, Cajamarca, 1972), encarnó el espíritu del grupo. Fue también su director. Los demás integrantes fueron: Dandy Berrú Cubas (Chiclayo, 1967), Juan Carlos Flores Tucto, Juan Montenegro Ordoñez (Chiclayo, 1967), Rubén Alberto Mesías Cornejo (Trujillo, 1973), Rubén Dávila Olano, Luis Heredia González.
También colaboraron y asistieron a sus reuniones: Ernesto Benigno Zumarán Alvitez (Chiclayo, 1969), Carlos Alberto Becerra Popuche (Chiclayo, 1971), Luis Antonio Noblecilla Rivas (Chiclayo, 1971), Joaquín Huamán Rinza (Kañaris, Ferreñafe, 1963), Nicolás Hidrogo Navarro (Ferreñafe, 1968), Luis Yomona Yomona, Luis E. Facundo Neyra, Ana Cecilia de los Milagros Miranda Salazar (Chiclayo, 1977), Oalba Lalí Pereyra Ramírez (Motupe, Chiclayo, 1976), Susana Samaniego M. (Lima), Paco Irygoyen, Lalo Bernal Castro, Alexeis Chacón (Trujillo), David Novoa (Trujillo), Luis Cabrera Vigo (Trujillo), Roger Torres Velásquez, Elmer Llanos Díaz, Gustavo Antonio Hidalgo Campos (Bellavista, Callao, 1967), Hugo Rojas Mendoza, Luis Hinojosa Valdera, Marco Antonio Flores Tucto, Richard Tucto, Sandro Tucto, Wilbor Tirado, Martín Meléndez, Martín Campos, Pedro Almanzor Manay Sáenz (San Antonio de Licpis, 1965), entre otros y otras.
Luis Heredia, tan crítico y polémico en sus apreciaciones, esta vez, escribe algo positivo de ARBOLEDA. “Contribuyó a la gaceta literaria de los jóvenes lambayecanos en la práctica de la literatura, pues casi todos lograron ‘pinchar’ un espacio o un artículo en dicha revista”, nos aclara.
A su turno, Hidrogo, también expresa algo positivo y a favor de ARBOLEDA. Él escribe que fue “el grupo más cohesionado y mejor reconocido..., quien aglutinó a la mayor cantidad de poetas y narradores que han sobresalido en esta generación de los 90”. Más tarde, cambiaría su apreciación sobre ARBOLEDA y escribiría lo siguiente: “El ideal era impresionar, era fanfarronear mas que una motivación a promover una corriente estética” escribe Nicolás Hidrogo .
A qué se debió el cambio. Ni idea. (Cosas de literatura, de arte y de locos. Cosas de noventinos)
Del mismo modo, Rubén Mesías, también escribe algo halagador para ARBOLEDA. “El nombre de Arboleda resonó en la escena literaria como el de la única revista cultural que se dedicaba a difundir la obra de la joven generación noventina” . Sin embargo, años después escribiría que a partir del primer número de su revista, se percibe “la carencia de un discurso mas coherente en el plano intelectual por parte de la mayoría de los integrantes” .
Martín Meléndez, sí expresa otra apreciación sobre ARBOLEDA. Escribe que “las reuniones de los sábados no eran las reuniones de un grupo, nunca hubo una agenda, temas a tratar, nunca hubo objetivos, metas...” .
ARBOLEDA “oficializó” sus reuniones semanales. Éstas se realizaban en la casa de Stanley, los sábados por la tarde. A ellas, y a partir de ellas, se refiere y construye su apreciación Martín Meléndez. Le niega la condición de grupo, porque para él, un grupo “implica una organización, una estructura”; y en su percepción, ARBOLEDA, carecía de ello, entonces, no era un grupo. Obviamente, no escribió luego, ninguna concepción de organización ni de estructura, lo que habría favorecido un entendimiento más útil al respecto.
Para confirmar su apreciación, enfatiza de la siguiente manera: “Arboleda nunca fue una catapulta literaria, nunca fue un grupo artístico, sólo fue una vitrina” .
Stanley se permite replicar estas apreciaciones, y no las contradice. Con ese estilo medio infantil y medio alejado de la realidad, aparentemente pusilánime, sereno, sobrio, dueño del universo e imperturbable; con esa indescriptible “apatía” e ininteligible y bendito desdén para responder a las agresiones y alusiones, escribe: “Arboleda no es grupo. Es algo más que eso. Nada de homogeneidad ni estereotipos” . Que grandes diferencias establecen nuestras concepciones.
Lo que para Martín Meléndez podría constituir una grandeza humana, un “grupo” (estructura, organización, homogeneidad quizá, similitud de objetivos y metas, compatibilidad de temáticas a tratar, solidaridad humana, compatibilidad ideológica, etc.); para Stanley, simplemente, no lo es. Lo es, la dispersión, la individualidad, la preeminencia del YO, el relajo, la informalidad... “Juntos pero no revueltos”.
5. DKV S.A. (1997-1998)
Esta agrupación de noventinos, se fundó con 6 (seis) miembros. Podemos señalar que Martín Meléndez (su director) fue quien promovió su fundación y quien encarnó ese espíritu rebelde que mostró desde un inicio. Los demás integrantes fueron: Luis Heredia González, Paco Irigoyen, Juan Carlos Flores Tucto, Dandy Berru Cubas, y Rubén Mesías Cornejo.
Su vocero oficial fue el fanzine DKV S.A., del cual publicaron 3 números, en edición artesanal, durante el periodo de presencia que tuvieron. Es preciso aclarar que su etapa de apogeo, comparativamente, fue menor al de los otros grupos. Desde el mes de octubre de 1997 (cuando difunden el primer número de su fanzín), hasta julio de 1998 (cuando difunden el tercer y último); “pobrechitos” diría Martín Meléndez.
Dudo si sea la forma más acertada, considerarlos “ex-miembros” del grupo ARBOLEDA, debido a que, como hemos tratado, ARBOLEDA no necesariamente podría considerarse un grupo, a decir de sus propios integrantes y de su propio Director. ¿Qué fue, entonces, Arboleda? Difícil inquietud.
Sin embargo, como reza una frase “exculparse antes de tiempo, es culparse”, remitiéndome a una declaración de uno de sus miembros, Rubén Mesías, quien escribe que DKV S.A. “surge en el ambiente como una respuesta contra la apatía de ‘Arboleda’... pero no por esto puede considerarse a DKV S.A. como un engendro de Arboleda” .
Puedo deducir, unilateral y convenidamente, que ellos llevaban en sus individualidades, una atmósfera literaria, bohémica y de camaradería que experimentaron y compartieron en ARBOLEDA, y que de alguna forma disfrutaron y a través de ello, identificaron o fueron estimulados a mirar hacia sus identidades.
Por su parte, Luis Heredia, refiriéndose al origen de DKV S.A. y al espectro ARBOLEDA que lo envolvió, da su versión sobre esta relación “madre-cordón umbilical-neonato”. Para Heredia, el grupo DKV S.A. “fue integrado por algunos que habían escrito en Arboleda y curiosamente muchos de los que escribieron en Arboleda lo hicieron en DKV S.A. Por lo que podemos concluir que las publicaciones siempre pendularon en el mismo reducido entorno” . “Una mano lava a la otra, y ambas lavan la cara” reza un adagio popular. Tú allá, yo acá; luego, yo acá, y tú allá; después, ni tú allá ni yo acá; ambos, en ninguna parte. Etéreos y libres, desencadenados del montón, de los grupos que oprimen y pretenden encajonar tu pensamiento. Esta generación de la que hablamos, expresaron algo así por medio de los grupos que constituyeron.
No pretendiendo profundizar más en el tema, debido a la ambigüedad de los términos “grupo” e “identidad” y de la frase “sentido de pertenencia” (indudablemente, materia de otras disciplinas científicas); paso a describir mi percepción de DKV S.A.
En el contexto del ejercicio literario y del ambiente —en ese sentido—, que se acentuó en la ciudad de Chiclayo, DKV S.A. desde sus inicios y desde el primer número de su fanzine oficial —como ellos lo denominan—, mostró y manifestó una actitud agresiva hacia las demás expresiones literarias en el medio.
Utilizando palabras y frases altisonantes, poco decentes y atrevidas e irrespetuosas, tarea no común en los documentos escritos en nuestro medio y en el área literaria o artística, marcó un perfil sui generis —obviamente, no raro para contextos ya familiarizados con ello, específicamente, por practicantes y aficionados a la música contestataria o de la nueva trova—, no sólo en el estilo valorativo que mostró, sino, en tanto sus agresiones eran dirigidas, preferentemente, a sus coetáneos.
En la editorial del primer número de su fanzine, leemos: “... esperamos que nuestros “detractores” (que existen aunque no lo crean), se coman su mierda en esos vanos intentos de hacernos y/o considerarnos “conspiradores” en contra de algo que no existe, que es la cohesión del arte que ellos proponen y divulgan oficialmente con firma y sello”. (DKV S.A., Año I - N° 1)
Luego, en la editorial del fanzine N° 02, después de halagarse a sí mismos, según ellos, porque lograron sus propósitos, causar conmoción en el ambiente literario local; en sus palabras: “Y como ven, aquí nosotros tercos y decadentes..., estamos de nuevo a pesar de las claudicaciones de algunos”, logrando que “lo mediocre muera y todo su séquito”.
En ellos, “mediocre” alude a todas aquellas actitudes y pensamientos que no concuerdan con el suyo. DKV S.A., constituyó un grupo que presumió de concretizar una cohesión grupal admirable. Esto es, que ningún otro grupo de los ya mencionados, lograron. Un solo cuerpo, un solo pensamiento, un solo ideal. Así se explica que en las editoriales firmaran como “Nosotros”.
En esta misma editorial (DJKV S.A. N° 02), concluyen en un estilo que hicieron suyo, sin reticencias ni vergüenzas: “Déjate de huevadas, enciende tu cerebro y empieza a usarlo”. Después de las citas candentes que hemos elido, suponemos que ellos sí usaron el cerebro.
Fiel a ese estilo editorial, y para disiparnos toda duda respecto a un error de imprenta, en el número 3 del fanzine en mención, de igual modo, en el último párrafo (el sétimo) de la editorial, finalizan con una frase (una interjección) irreverente (en la tercera y última línea): “Ahora sí los invitamos a recorrer las tortuosas páginas del más grande fanzine chiclayano de todos los tiempos ¡Somos la cagada!”. (¿Lo eran?)
Comparativamente, sin lugar a dudas, eso de “más grande” puede ser merecido en tanto asumen una postura que, por medio del lenguaje escrito, representa la más grande osadía cropolálica en la ciudad de Chiclayo. En esta provincia, antes no se vio documento alguno (formal o informal) que osara publicar “barbaridades” y agresiones de ese tipo. Además, esa actitud irreverente, atrevida, soez, transparentemente cruda, sin ropajes, original, no eufemística; caracterizó a los noventinos. Tema que ya hemos tratado en páginas anteriores y en repetidas descripciones.
Para Martín Meléndez, esto es arte. Porque como lo explica en el número 4 de SUB ART (Fanzine que también dirige, a título personal, parece. Y el N° 4 corresponde a marzo del 2002), en donde describe una retrospectiva (cuatro años después de fenecido el grupo) y mantiene una percepción positiva de lo que fue DKV S.A. Escribe que en DKV S.A., “la intención era fomentar el arte en todos su aspectos, plástico, literario, teatral, para lo cual se convocó a muchos”.
Si para él, y puede deducirse que para los demás miembros del grupo también, porque no existe otra manera de explicar que en la editorial firmen “nosotros”; arte es sinónimo de insultos, groserías, irrespetos y escándalos, entonces, sólo así se entiende que escriban o que hayan escrito lo que escribieron.
Pero hacer arte, no sólo es para él —o ellos— insultar a, y despotricar de las personas; sino, de las ciudades. Pues, de Chiclayo, escriben cosas que se necesitan cabeza fría para leerlas y no reaccionar para devolverles la moneda. “Chiclayo sigue igual que hace 5 o 6 años..., la misma mierda de siempre” (DKV S.A. N° 1). Como para no dudar o pensar en un lapsus literae, luego escriben: “... este pueblito de mierda llamado Chiclayo” (DKV S.A. N° 3).
Y no acaba ahí. Muerto DKV S.A (julio de 1998), continúa el discurso, esta vez —al parecer— sólo bajo responsabilidad de Martín Meléndez, aparece en la editorial del fanzine SUB ART “... este enorme mercado, que es nuestra querida ciudad de Chiclayo” (SUB ART N° 4, marzo de 2002).
Si consideramos el manifiesto que escriben, publican y difunden en DKV S.A. N° 1, cuando señalan que todo punto de vista “obedece siempre a un sistema filosófico”, entonces podríamos entender que DKV S.A. asumía y defendía una “filosofía del insulto”.
Este perfil literario capaz de generar escándalos y repudios moralistas o clericales, también puede ser interpretado o concebido como un afán de avisar bulliciosamente su génesis a través del anuncio “¡Aquí estamos!”. Significado que insinúa Rubén Mesías, cuando admite que: “... pretendemos con estas líneas, dar a conocer el ímpetu con el que este nuevo grupo irrumpe en escena”. (DKV S.A. Año I - N° 1; Chiclayo, octubre de 1997)
En otra parte, Mesías, afirmaría que DKV S.A. pretendía convertirse en “un auténtico movimiento contracultural e irreverente que utilizando expresiones artísticas extremadas de la literatura, el dibujo y el teatro se convirtiera en la punta de lanza de la rebeldía contra el sistema” (METAFORA N° 2, p. 4). Interesante apreciación, por cierto; aunque se hace necesario edificar una concepción de “sistema” que nos permita entender la idea de Mesías, a riesgo de otorgarle alguna interpretación equivocada.
Sin embargo, y después de todo, DKV S.A. encarnó de la manera más viva y latente, el perfil actitudinal y cognitivo —en el sentido de audacia al momento de expresar literalmente, sentimientos, emociones y percepciones— de la generación del noventa. Quizá, el mérito de ellos, fue constituirse en los primeros en atreverse a escribir tal y como hablaban, pensaban y, en cierto modo, anhelaban.
En suma, fueron los primeros —en base a sus publicaciones que he tenido a la mano—, en entablar y mostrar una relación directa y coherente, entre pensamiento y expresión, entre palabra pensada y palabra hablada, y entre palabra hablada y palabra escrita. Ello, asumió y mostró, DKV S.A.
Como ya señalamos, Martín Meléndez, también dirigió un fanzine denominado SUB ART. Indudablemente, muestra en él, la misma manera de expresarse, El mismo tono, insulso, irrespetuoso, indecente, agresivo, provocador. Obviamente, es un miembro de la generación de los 90.
6. A MANERA DE CONCLUSIONES
Sobre los grupos que he mencionado, y sobre los cuales me he referido brevemente, puedo señalar un lazo que los une —o los unió— a todos, sino, un cordón umbilical. Indiscutiblemente, UMBRAL, fue la matriz. De ahí, todos nacieron, dieron el salto, brillaron, capturaron un espacio público y mientras se apoderaron de él, expresaron de una y mil maneras sus habilidades literarias y artísticas, hasta lograr algunos aplausos y condecoraciones y compensaciones monetarias, incluso.
Después —y de sus entrañas— de UMBRAL nace ARGOS. Más luminosos, brillantes, antorchas de la lengua y de las metáforas, condecorados, nacieron a la orilla de la fama local, anegados de publicidad y publicaciones de sus escritos. Precisamente, el nombre ARGOS alude a esa constelación de estrellas. Pues, ellos, fueron antorchas, cuerpos luminosos y medio plasmáticos, luminarias, luceros que iluminaron el sendero tortuoso de la literatura en la ciudad de Chiclayo, y estimularon a otros y otras, a seguir el trayecto ya iniciado.
Luego, casi casi, a la par, nace UBICUOS MALDITOS. Atrevidos, indecentes, jodidos y jodedores, dejando una marca indeleble en la mentalidad de muchos oidores y lectores de su producción literaria digna de una excomulgación. Desparramaron a su libre albedrío, su anticlericalismo e irreverencia en casi todas partes de la región, derrumbando dioses y contaminando las ideas de un paraíso celestial.
Siguió, ARBOLEDA, una mancha desorbitada. La pretenciosa ambición de aglutinarlos a todos y constituirse en la voz literaria de los noventa en la ciudad de Chiclayo. ¿Fracasó? Por supuesto que sí. Se embarazó sin previa preparación, no huno partera ni parto; un aborto. ARBOLEDA abortó un horrendo engendro.
(No, no fue DKV S.A., fue ese fenómeno que comprometió a todos sin excepción alguna. El desenmascaramiento de la intimidad de cada uno. Se observó sin maquillaje alguno, el individualismo, el egolatrismo, el intimismo, las ambiciones personales; caracteres de los literatos de los noventa, ya inocultables)
El último parto fue DKV S.A. pero nacieron de pie. Un parto apresurado pero sin mayores complicaciones. Aunque algunos rumorearon que debió llamarse SINKV S.A. Contestatarios hasta más no poder, ácidos, directos, iracundos, insatisfechos, indomesticables; pero también, hambrientos de tribuna y de oidores, legítimos dueños de la verdad y de otras cosas.
Así fue la cadena de grupos literarios en la ciudad de Chiclayo. Resumiendo: UMBRAL, ARGOS, UBICUOS MALDITOS, ARBOLEDA, DKV S.A. Una gran historia que no ha terminado de contarse, obviamente.
Además se ha percibido que los integrantes de uno y otro grupo, fueron ex-miembros de uno y otro de los mismos grupos. Casi todos transitaron por casi todos los grupos. Una enmarañada red, un entretejido social que no respetó fronteras ni principios ideológicos, supuestamente vigentes. Era el objetivo, buscar un espacio para publicar, para buscar, discutir, gritar, construir y dirigirse a un público ávido de literatura; para ganar aplausos, un diploma, una medalla, una foto en el diario de mayor circulación y, ¿por qué, no?, unas cuantas monedas, y quizá la inmortalidad. Tan consabida y mentada, anhelada y disputada a punta de versos y cachetadas literarias.
Era el objetivo sentirse bien. Se buscaba un espacio para “autocomplacerse” en palabras de Nicolás Hidrogo. ¿Y cómo lograr prevalecer mi YO, en un espacio ocupado por otros YO, afanados también, qué duda cabe, en ese mismo objetivo? Pregunta sin respuesta.
Y por querer enfatizar en el hecho de la desesperanza y desencanto con la coyuntura, carácter común a todos ellos; con la diferencia de que unos lo expresaban de una manera más cruda que otros. Por ejemplo, creo que una frase resume ese carácter, esa actitud, esa tendencia y esa percepción y voluntad hacia lo público político e ideológico. Esa frase la encuentro en el manifiesto que hizo DKV S.A. Dice que la política y los políticos, los gobiernos y los presidentes ya no solucionarán los problemas actuales, y que toda promesa son más bien “ilusiones de embaucado y esperanza de cojudos” (DKV S.A. N° 01, octubre 1997)
(Este ensayo lo publiqué en: Revista “Transformando”, publicación del Centro de Investigaciones Socio-Educativas de la FACHSE-UNPRG. Lambayeque, enero 2007; pp. 36-45.)
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